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El empleo en Bolivia durante la pandemia

Los tiempos del COVID 19 fueron para nuestro país un momento de crisis. Sin embargo, también se convirtieron en una oportunidad de superación, para acelerar un cambio de paradigma que se venía gestando.

País | Trabajopolis | 2024-03-15 16:42:32

El 2020 fue un punto de inflexión en el mundo, y Bolivia no fue ajena. Aquello que parecía cierto a nivel laboral dejó de serlo. La pandemia obligó a barajar de nuevo y encontrar la forma de salir adelante. Hoy, dos años después, y mirando hacia atrás, vale la pena destacar que la crisis devastadora de desempleo ocurrida en tiempos de Covid 19 en Bolivia pudo transformarse. “En plena pandemia, en julio de 2020, la desocupación en nuestro país alcanzó un porcentaje record del 11,6%. Hoy estamos en condiciones de afirmar que el índice se ha reducido según el INE al 4,2%, cifra similar a la del último trimestre de 2019 anterior a la pandemia. Esta realidad porcentual se refleja en las ofertas de trabajo que se publican en Trabajópolis. Durante 2020, las ofertas en nuestra plataforma cayeron estrepitosamente. Sin embargo, de a poco, se fueron incrementando hasta volver a los niveles prepandémicos actuales”, afirma Esteban Mansilla, gerente general de trabajopolis.bo,la bolsa de trabajo más grande de Bolivia.

Las variables que generaron la crisis de empleo a lo largo de la pandemia fueron muchas. Diversos factores repercutieron en la vida laboral de los trabajadores. El nivel de educación, la conectividad, el género y la experiencia laboral fueron detonantes a la hora de tener posibilidades o no para sobrellevar la situación imperante. Uno de cuatro trabajadores con educación primaria perdió su empleo, así como también fueron afectados aquellos que no contaban con internet en el hogar. Por otro lado, la disminución de la actividad económica y la incertidumbre limitaron las contrataciones, y en ese aspecto algunos grupos fueron más vulnerables que otros. “Los trabajadores jóvenes y las mujeres resultaron los más perjudicados. La tasa de desocupación juvenil, en plena pandemia llegó a ser 19,2 por ciento. Los jóvenes de 18 a 25 años, vieron reducidas sus posibilidades de acceso al empleo, básicamente porque las empresas cerraban en algunos casos y en otros, no solo estaban imposibilitados de contratar gente nueva, sino que se veían obligados a despedir personal. Por su parte, en mayo de 2020, dos meses después de declarada la pandemia, un 20 por de mujeres se quedó sin trabajo. Al cerrar las escuelas y tener que quedarse con las tareas del hogar y el cuidado de los hijos, muchas se volcaron al trabajo independiente y otras directamente no pudieron reinsertarse. De hecho, en Trabajópolis se notó una importante merma en las búsquedas de trabajo, que recién empezaron a reactivarse cuando los niños volvieron a las clases presenciales”, explica Esteban Mansilla.

Es importante destacar que la pandemia también a nivel laboral trajo con ella un cambio de paradigma. Empresas y trabajadores tuvieron que sobreadaptarse en tiempo record a nuevas reglas de juego. En 2020, sin lugar a dudas, se aceleraron los cambios digitales. El teletrabajo, el comercio electrónico, las ventas digitales llegaron para quedarse. Esta realidad generó nuevas necesidades. Las empresas tuvieron que adaptarse y estar a la altura de los requerimientos sociales que fueron marcando la pandemia. Sus clientes fueron cambiando sus comportamientos, el “desde casa” pasó a ser una costumbre cotidiana vivida con naturalidad. “El mundo se virtualizó y digitalizó. Desde que empezó la pandemia día a día se incrementan las ofertas de trabajo relacionadas con la programación, el marketing digital y la generación de contenidos. Estas profesiones son un elemento clave requerido tanto por emprendedores como por compañías, pequeñas, medianas o grandes. También se potenciaron las ofertas laborales relacionadas con la logística y distribución, necesidades fundamentales en los tiempos de hoy. En definitiva, la pandemia generó un gran cambio en el empleo que todavía sigue sorprendiendo, porque aún queda un largo camino por recorrer”, afirma Esteban Mansilla. En cuanto al teletrabajo, es importante destacar que no en todos los hogares hubo personas teletrabajando. Las investigaciones arrojan que en las casas que sí se pudo realizar trabajo remoto, el nivel de ingreso antes de la pandemia era superior al de aquellos que no teletrabajaron. La mayoría de los que lograron hacerlo contaban con una educación superior o técnica.

En la vida boliviana, la irrupción de este nuevo estilo de trabajo virtual produjo importantes cambios en la rutina cotidiana. En muchos casos la mesa que era antes el espacio para comer en familia se transformó en el lugar de trabajo. Este obstáculo fue mayor en los hogares con menores niveles de ingresos, debido a que, fuera de la cocina y el baño, solo tenían un dormitorio para hacer todas las actividades. En ese contexto, no solo aparecieron trastornos a nivel práctico, sino también problemas vinculares como violencia, depresión, fobias por el encierro y ansiedad. Los problemas de conectividad en muchas ocasiones y el contar con pocas computadoras y celulares en el hogar se convirtieron en un importante obstáculo tanto para los que teletrabajaron como para los hijos en edad escolar durante la cuarentena, potenciando aún más la desesperación y los problemas vinculares.

Claramente la pandemia dejó en los hogares bolivianos un aprendizaje para el futuro que ya hoy se está observando. Los tiempos fueron duros. Sin embargo, la actitud resiliente de los bolivianos demostró que crisis es oportunidad. En definitiva, el mejoramiento tecnológico, la capacidad de muchas personas para encontrar un camino de reconstrucción ante la crisis y los números que hablan de una recuperación del empleo líder en América Latina, son sin duda una ola de aire fresco después de tanto dolor.

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