Una práctica usual de los sistemas socialistas es enviar a la cárcel a opositores políticos o personas incómodas a los gobernantes, en la mayoría sin que se demuestre su culpabilidad. Otros opositores son eliminados.
Los gobernantes socialistas construyen su poder sobre dos cimientos: el miedo y la codicia. En esos países, todos pueden ser sobornados o amenazados. En este sentido, la corrupción no es sólo una actividad secundaria, sino la podredumbre moral en el corazón del Estado socialista que sostiene a esos gobiernos. El más claro y reciente ejemplo de soborno sucedió en días pasados cuando 12 tránsfugas del partido Comunidad Ciudadana permitieron la aprobación de créditos. El enfrentamiento entre las dos facciones del MAS es por el poder, no es por su vocación noble de servir al pueblo. Venezuela y Nicaragua son los más recientes y relevantes ejemplos.
Algunos ciudadanos u opositores entienden el miedo y se enfrentan; otros no tienen opción y son hechas presas inmediatamente. Otros se enfrentan a juicios y resisten desafiando así a un poder absolutoque ni así puede encontrar pruebas o argumentos sólidos para dictar sentencia. Tanta es la injusticia, tanta la incompetencia, tanto el cinismo. Pero para los socialistas, el fin justifica los medios, no importa pisoteando las leyes; “metele no más”.
Como identificó Alekséi Nalvany, el político opositor ruso quién fue la última víctima fatal del Presidente Putin, decía que no son las personas honestas las que asustan a esas autoridades, sino las que no tienen miedo, o, para ser más precisos, las que pueden tener miedo, pero superan su miedo. Por eso la represión, el amedrentamiento, el chantaje. Los abogados y otros asociados a estas personas también están en peligro.
Todo lo descrito ocurre en Rusia, Cuba, Venezuela, Corea del Norte y, en alto grado, en Bolivia. Es la receta socialista para mantenerse en poder. Miedo y codicia financiado por la corrupción. El socialismo no es un sistema político, es una mafia a nivel nacional creada por intelectuales de baja moral, como Karl Marx que nunca trabajó, derrochó la fortuna de su esposa en borracheras, mujeres y deudas, y murió en pobreza. Los socialistas administran países con el miedo y el poder, cual mafias en cualquier parte del mundo, y que son sustentadas por la corrupción para provecho de los jefes de la mafia que son los gobernantes. No gobiernan países, hay un permanente “desgobierno”; más bien administran sus riquezas y su poder corroyendo la moral de las personas y de todo el Estado.
Hay una esperanza, aunque ésta no es de color verde, por lo menos al presente. Esperar a que llegue la hecatombe económica en Bolivia, no digo desastre porque ya es. Viviremos una situación que dejará chiquita a la época de la UDP. Es esa época, el déficit fiscal subió hasta el 24% del PIB. Ahora tenemos un déficit fiscal que oscila entre 4-7% desde hace diez años y una deuda pública de más del 80% del PIB (27% en 2012). El precio de los bienes y servicios clave, como el tipo de cambio y la gasolina, estaban distorsionados como lo están hoy. Sin embargo, en aquella época se tenía el estaño como generador principal de divisas para importar y hacer crecer nuevamente la economía. Ahora no hay gas. Principalmente, los gobernantes de esa época, aunque ineptos, no tuvieron el descaro de rifar “las joyas de la abuelita”, el oro. Tenían algo de vergüenza moral que dieron un pie al costado para que gobernara otra persona. Ahora no, no queda ni una pizca de moral; venden hasta lo último que le queda al país y lo endeudan hasta más no poder con tal de enriquecerse y hacer más pobre a la población, fórmula del socialismo. Y, para disimular y comprar tiempo, su desesperación y codicia llega a tal punto de mentirse y engañarse a sí mismos.
La “esperanza” es que la situación económica hunda y arrastre al gobierno y al partido oficialista. Que la población viva en carne propia de lo que es capaz el socialismo, de lo que es capaz una mafia instalada como gobierno. Que quede el trauma nacional, como lo ha hecho la hiperinflación hasta el día de hoy, para no volver a elegir a personas sin educación, sin escrúpulos, que desde el primer minuto han sido juez y parte, han enfrentado a la ciudadanía con “nos toca gobernar por los próximos 500 años”, y que han entregado la soberanía del país a Cuba y Venezuela, y crecientemente a China. Gente inepta que no ha defendido al país ni en la diplomacia internacional contra Chile en el acceso al mar y el uso del rio Silala, ni contra el narcotráfico que más bien nos está devorando. Tenemos una economía legal pequeña y paupérrima y estamos a merced de otros países y amenazas externas. Tanta ineptitud y tanta maldad, sacrificar a once millones de bolivianos por la codicia de unos cuantos pillos.