Durante el mayor escándalo de corrupción que haya conocido la historia, el caso Watergate, que acabó con la presidencia de Richard Nixon, en 1974, se hizo famosa la frase “follow the money” (sigue el dinero), instrucción que les daba el informante a los periodistas del Washington Post que revelaron el mayor secreto de la Casa Blanca.
Los reporteros buscaron por todos lados, consultaron cientos de fuentes, revisaron archivos, hicieron decenas de entrevistas, pero no había cómo derribar la barrera de secretismo que habían tendido el gobierno y el partido republicano para proteger al primer mandatario, acusado de montar una red de espionaje en torno a su principal rival político.
“Garganta Profunda”, el apodo que le pusieron al informante secreto y que resultó ser un agente del FBI, les dijo que sigan el rastro del dinero que había involucrado en un operativo de acecho al partido demócrata, que demandó no sólo el asalto al famoso edificio Watergate, sino también la puesta en marcha de un gigantesco plan de desprestigio, campañas de difamación y otras tretas que exigieron grandes sumas de dólares.
Haciendo un parangón entre la falta de dólares que agobia a los bolivianos y el episodio del que hablamos, habría que aplicar la misma fórmula para saber exactamente dónde van los dólares que ingresan al país, pues hasta el momento todos se acusan y nadie brinda -o no se atreve- a dar una explicación creíble.
Haciendo números, lo que ingresa por la exportación alcanza para comprar la mayor parte del diésel y gasolina, pero no se explica por qué la escasez de combustible es constante y persistente, los trámites para conseguir la provisión son cada vez más engorrosos y los sectores que más lo necesitan, especialmente los transportistas y los agropecuarios tienen graves problemas para cumplir con sus actividades. El gobierno insiste en mantener el monopolio de la compra y venta de estos productos, un negocio de grandes volúmenes que se presta para la corrupción, los desvíos y muchas ventajas para quien lo maneja.
A Bolivia ingresan dólares por exportaciones, por remesas y también por narcotráfico, pero no se explica por qué los bancos los reparten a cuentagotas entre los importadores, los farmacéuticos y las empresas que necesitan de divisas para poder operar. Es verdad que pueden estar escaseando, pero no al extremo que estamos viendo.
Dólares hay, pero sólo en el mercado negro y no sería la primera vez que gente del gobierno hace negocios con las divisas. Alguien está acaparando los dólares y se está beneficiando con la diferencia de cambio.
Desde que llegó al poder, el MAS convirtió al estado en un mecanismo para hacer negocios personales. Es lo único que han hecho en 18 años y les tocó la mayor abundancia de dinero que se haya visto en Bolivia. No vamos a hacer ingenuos en pensar que en este periodo de crisis y ante la caída de los ingresos del gas, la gente del gobierno se ha transformado, se ha convertido y ha abandonado su principal motivación que consiste en saquear el país sin importarle el bienestar de los bolivianos. Ellos siguen el dinero y a los bolivianos nos toca seguirle los pasos para descubrir lo que realmente está ocurriendo con los dólares.