Habiendo terminado yo, en mi cabeza, la serie de artículos sobre el perdón y sus beneficios, el Señor me hizo saber, con una poderosa lección de vida, que mi obra estaba inconclusa.
Sí, resulta que, en medio de todos los acontecimientos
recientes, una persona que recibió el perdón por un grandísimo error cometido,
que le acarreó la separación de su familia y otras cosas más, tuvo la
oportunidad de prestar ayuda en la resolución de un problema bastante duro de
resolver, en la situación actual, y con ello, no fue que simplemente hizo su
parte, sino que tuvo la oportunidad de redimirse (!).
Sí, definitivamente esa era la lección que me faltaba para
agregar a mis comentarios sobre el perdón: que una persona sinceramente
arrepentida puede luego demostrar su arrepentimiento verdadero con obras que le
ayuden a enmendar su falla. De ahí la doctrina de la Iglesia Católica sobre el
perdón y las indulgencias.
Ya lo he dicho anteriormente, suelo orar por quienes he
hecho pecar, he sido partícipe de su pecado, he escandalizado, y he alejado de
Dios en vez de haberle acercado, así que, con esta lección también está mi
petición a Dios de que me ayude con oportunidades así, de ayudar, de hacer mi
parte, con todas las personas a quienes he dañado, y con ello poder redimirme.
Le pido que me ayude a perdonar con mayor facilidad de la
que lo hago, lo cual implica crecer en humildad aunque me duelan las lecciones
que deba pasar para hacerlo, y con ello crecer en santidad, que es la meta a la
que nos llama a todos.
Perdonar y ser perdonados son actos que implican muchas
cosas, principalmente la restauración de la credibilidad. El pasado está ahí
como recurso del diablo para hacer malas pasadas a quienes comienzan a caminar
en el sendero de la fe.
No hay persona a la que le recuerden más su pasado que a un cristiano buscando redimirse, y en esta época en la que es tan fácil que lo que se sube a la red cobre vida propia, y que todo lo que hacemos quede registrado. Para bien o para mal, la tarea de contraponer el bien que se hace hoy al pasado que se ha dejado atrás es aún más cuesta arriba. Con ello internalizo el salmo que dice “pero de Ti procede el perdón, y así infundes respeto” (Sal 129, 1-3). Dios perdonando se hace perdonar, nosotros, perdonando, nos hacemos semejantes a Él y damos al otro la oportunidad de crecer y redimirse. Dios con nosotros. (Religioso y periodista).