Andrés Oppenheimer, célebre periodista argentino, residenciado en Miami desde hace 40 años, recuerda en un artículo en El Nuevo Herald,, ante el anuncio de deportación de cientos de miles de venezolanos de Estados Unidos en los próximos meses, que nuestros compatriotas votaron masivamente por Donald Trump en las elecciones del pasado noviembre. No fueron los únicos entre la larga presencia de inmigrantes de nuestra región en el gran país del norte.
Hay otros datos curiosos e irónicos de los que da cuenta Oppenheimer en su texto: el flujo de migrantes indocumentados cayó 70% en los últimos meses de 2024, según la Patrulla Fronteriza. Y otro aún más revelador: en Estados Unidos hay un déficit de 1,2 millones de trabajadores, en razón en parte a la caída del índice de natalidad, según la Cámara de Comercio. Sin inmigrantes, los costos laborales suben y también la inflación.
Al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) le fue establecida una nueva cuota de arrestos (de 1.200 a 1.500 diarias a cada una de sus 25 oficinas) para contener la “invasión”, que según el lenguaje del hombre más poderoso del mundo está llena de delincuentes, aunque esta afirmación no se sostenga con cifras (otros también lo hacen).
El profesor de la Universidad de Yale Greg Grandin, en un ensayo para The New York Times (“Trump sueña con un nuevo imperio estadounidense”) en el que aborda el sorprendente giro expansionista de un político más conocido por atrincherar su nación tras un muro fronterizo, advierte lo que puede ser el quid para tratar de entender lo que se nos viene encima, y no solo a los venezolanos. “Los poderosos hacen lo que quieren; los débiles sufren los que les toca”. La frase merece explicación y Grandin la ofrece: hay una clara señal de que el dominio, y no el mutualismo, es el nuevo principio organizador del mundo “y de que la doctrina de la conquista, que se creía caduca, sigue siendo válida”.
Con otras palabras, pero con un fondo similar, el articulista de El Nacional Antonio de la Cruz observa en la forma cómo se manejó la deportación de colombianos “un patrón en que las relaciones internacionales ya no se rigen por principios de cooperación a largo plazo, sino por la capacidad de imponer términos a través del poderío en cada negociación”.
La pregunta clave, dice De la Cruz, es si esta transición del orden mundial establecido después de la Segunda Guerra Mundial, guiado por normas aun cuando se cuestione su utilidad, a este otro que llama transaccional “llevará a un sistema global más eficiente o, si, por el contrario, desencadenará un período de inestabilidad prolongada”. Grandin, el profesor de Yale, va más allá y vaticina “más confrontación, más riesgo, más guerra”.
Por estos ámbitos, más deportados y nuevas rutas migratorias. Oppenheimer refiere que hay entre 11 y 13 millones de inmigrantes no autorizados en Estados Unidos: se calcula que solo 5% tiene antecedentes penales.