Tribuna

La ignorancia y el sentido común…

La ignorancia y el sentido común…
Alberto De Oliva Maya | Columnista
| 2025-03-14 07:53:29

La historia política de Bolivia está plagada de decisiones que desafiaban toda lógica, impulsadas por la desinformación, el fanatismo ciego o simplemente la falta de alternativas viables. Pero lo más preocupante no es solo el hecho de que una parte considerable de la población siga apoyando a un presidente cuya aprobación no pasa del 18%, sino que lo hacen convencidos de que no hay otra opción, de que “es lo que hay”, de que “mejor malo conocido que bueno por conocer”, “entre los malos, el mejor”. Es decir, la mediocridad expuesta de una sociedad sin valores.

¿Ignorancia o resignación? Tal vez un poco de ambas. Pero lo cierto es que, mientras la crisis financiera asfixia a las familias, las reservas internacionales se evaporan y el desempleo sigue en aumento, muchos siguen aferrados a un ideal de estabilidad que no es más que un espejismo. Un espejismo que Luis Arce y su séquito han sabido vender con maestría, apelando al recuerdo de tiempos mejores, aunque esos tiempos sean tan reales como una promesa electoral.

Pareciera que la ignorancia vencerá nuevamente al sentido común... Porque en un país donde la educación ha sido sistemáticamente descuidada, donde los medios de comunicación están controlados o censurados, y donde la propaganda política se disfraza de información veraz, es fácil manipular la percepción de la realidad. Es fácil hacerle creer al pueblo que la culpa es de los otros, de los “golpistas”, de los “imperialistas”, de cualquiera menos de quienes realmente tienen el poder y lo han usado para su propio beneficio.

Es irónico pensar que, en una era de sobreinformación, la ignorancia sigue siendo la herramienta más poderosa de control. Y mientras esa ignorancia siga alimentándose de promesas vacías, subsidios temporales y discursos populistas, el sentido común seguirá perdiendo la batalla.

Y el sentido común mediocre aparece de manera distorsionada, queriendo imponer el viejo liderazgo sobre el avance de la quinta revolución industrial, queriendo cambiar la imagen de aquellos líderes que fracasaron constantemente en el pasado, cuando todos sabemos que “lo que Dios no da, Salamanca no presta”.

Entonces, la pregunta no es si la ignorancia vencerá al sentido común, sino cuántas veces más permitiremos que suceda antes de aprender la lección. ¿O acaso el masoquismo político se ha vuelto parte de nuestra identidad nacional?

¿Será que el sentido común de la clase media-alta, del empresariado, de los grupos de poder y de ciudadanos reconocidos les dice que el futuro está en la mediocridad del pasado? Esto es difícil de creer, pero es la triste realidad. Nos dejamos llevar por la desesperación y no por el sentido común. Eso es lo más triste.

Veamos lo que el sentido común nos puede hablar de Tuto Quiroga: el eterno candidato sin destino. El eterno aspirante a la presidencia parece estar más interesado en acumular derrotas que en gobernar. Años de campañas sin éxito han desgastado su imagen y lo han dejado como un candidato más del pasado que insiste en mantenerse vigente, aunque el electorado ya ha dejado claro que no lo quiere en el poder. Su discurso, lleno de retórica vacía y sin propuestas innovadoras, ya no resuena con una generación que busca soluciones reales y liderazgo auténtico.

Su obsesión con revivir la política de los años 90 y su alianza con sus viejos amigos, que también son amigos del poder, le han hecho perder conexión con el pueblo. Mientras tanto, su enfoque en atacar a Evo Morales y al MAS, aunque justificado en parte, ya resulta repetitivo y carente de visión hacia el futuro. Es como si su única propuesta fuera el “anti-MAS”, lo cual no es suficiente para ganar una elección.

Al final, Tuto parece más interesado en ser el comentarista político de la oposición que en convertirse en líder de la nación. Tal vez sea hora de que cuelgue los guantes y deje espacio para una nueva generación de líderes con ideas frescas y propuestas viables.

Pero sigamos con el sentido común respecto a Doria Medina: el empresario que nunca fue líder. Ha demostrado ser un excelente empresario, pero un pésimo político. Con años de intentos fallidos en la arena electoral, ha quedado claro que su enfoque tecnocrático y su visión empresarial no conectan con un electorado que necesita soluciones prácticas, no promesas financieras que suenan bien en el papel pero que no se traducen en cambios reales.

Tuto Quiroga y Doria Medina se han convertido en grandes promesas electorales que nadie pidió. Si el sentido común hablara, ya habría organizado una colecta para comprarles un espejo a ambos. Porque, al parecer, ninguno de los dos ha notado que sus aspiraciones presidenciales son menos populares que el dengue en verano.

Es por todo lo expresado que la ignorancia es el voto más fiel de todos los tiempos. Así que, una vez más, la ignorancia del pueblo vence al sentido común... ¡Qué sorpresa! Pareciera que, en Bolivia, la ignorancia es más leal que el más fanático de los hinchas de fútbol.

Ahora, imagínense un mundo paralelo donde el sentido común tuviera el poder de elegir al líder del país. ¡Qué locura sería! Seguramente, buscaría a alguien que entienda de tecnología, que sepa cómo producir alimentos, que se atreva a generar empleos y riqueza, que, por un segundo, piense en servir al país en lugar de servirse del país. Pero claro, eso es pedir demasiado en un lugar donde ser candidato parece más un concurso de popularidad que una prueba de capacidad.

Mientras tanto, la ignorancia sigue votando con fe ciega, la pobreza sigue siendo manipulada y los letrados, profesionales y empresarios siguen acomodando sus intereses con el mejor postor. Y el sentido común... bueno, ese sigue en cuarentena, esperando su turno para entrar en escena. Pero, por ahora, parece que no está en la lista de invitados.

Alberto De Oliva Maya | Columnista
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