Todos se preguntan cómo serán los últimos meses del gobierno de Luis Arce. La crisis económica, marcada por la escasez de dólares y combustibles, parece no tener solución. Lo más alarmante es que podría resolver estos problemas, pero no quiere hacerlo. ¿Por qué? El régimen se ha paralizado, se muestra incapaz y reacio a actuar. La gran pregunta es: ¿por qué Arce no toma medidas urgentes para resolver esta situación?
Permitir la libre importación y comercialización de combustibles podría revertir la crisis de inmediato. Sin embargo, el gobierno prefiere mantener un control asfixiante, incluso cuando esto amenaza con desabastecimiento de alimentos y un desastre social. La posibilidad de un "gasolinazo", otrora impensable, podría ser tolerada hoy por una población resignada. En 2010, un intento similar generó un rechazo masivo, pero el contexto actual es diferente: Bolivia se encuentra en una situación límite que provoca la resignación.
La inacción de Arce no es solo un error político; parece una estrategia de autodestrucción. Su falta de reacción allana el camino para una transición inevitable. Todo apunta a que el MAS perderá el poder y se producirá un desenlace similar al de 1985 cuando Paz Estenssoro debió ejecutar un giro radical hacia el liberalismo tras el colapso del modelo estatista. ¿Podría ser que Arce, consciente de la inviabilidad de su proyecto, esté deliberadamente dinamitando su propia gestión para allanar el camino a un gobierno opositor?
Incluso sus propios aliados parecen trabajar en su contra. La Central Obrera Boliviana, tradicional bastión del oficialismo, exige un incremento salarial del 20%, una demanda insostenible que solo profundizaría la crisis. Este tipo de presiones refuerzan la impresión de que el gobierno se encuentra en un callejón sin salida, sin capacidad de respuesta ni margen de maniobra.
Otra teoría sugiere que Arce podría estar actuando como un "caballo de Troya" dentro del MAS, un agente infiltrado cuya misión sería desmantelar el proyecto político desde adentro. Aunque esta hipótesis parece inverosímil, los hechos indican que el presidente no está luchando por preservar su legado, sino facilitando su hundimiento.
Sin embargo, el oficialismo ha demostrado una asombrosa capacidad de supervivencia. Arce cuenta con el apoyo de asesores cubanos, expertos en mantener regímenes en crisis permanentes. Es posible que el caos actual sea una estrategia deliberada para reconfigurar el poder dentro del MAS, permitiendo la continuidad del proyecto político bajo un liderazgo distinto.
El desenlace sigue siendo incierto, pero una cosa es segura: los últimos días de Arce estarán marcados por el caos, la incertidumbre y la desesperación. Ya sea por incapacidad, estrategia o traición, su gobierno parece condenado a un final turbulento. La gran pregunta es si este desenlace será el fin del MAS o simplemente una nueva etapa de su mutación política.