Tan afecto a buscar culpables, Luis Arce debe estar refunfuñando contra San Pedro por la enorme cantidad de lluvias que azota desde hace meses al territorio nacional. Los aguaceros han dado tregua en el occidente del país, pero le toca al oriente boliviano soportar un periodo de humedad que pone en aprietos a los habitantes de las ciudades y del campo, donde hay decenas de miles de hectáreas de cultivos bajo el agua y miles de animales en peligro de morir, lo que amenaza con más incremento de precios. El santo que nos envía el agua podría pensar que la naturaleza nunca se equivoca, especialmente cuando se trata de darle a cada uno de la inteligencia para resolver problemas y tomar decisiones que ayuden a paliar los inconvenientes. Lamentablemente, este no es el caso de las personas que gobiernan Bolivia, que hasta el momento no se han puesto a la altura de la crisis y mucho menos han reaccionado como se debe frente a la emergencia climática. Todo lo que han hecho frente a la desesperante situación, no ha hecho más que empeorar las cosas. Con la lluvia de problemas y tanta escasez de neuronas, no podemos esperar otra cosa que la “tormenta perfecta”.