Editorial

El sueño de un pueblo adormecido

Bolivia está al borde del colapso y la gran mayoría de sus ciudadanos siguen atrapados en una peligrosa ilusión: creen que aquí nunca se llegará a los niveles de miseria...

Editorial | | 2025-03-31 00:04:00

Bolivia está al borde del colapso y la gran mayoría de sus ciudadanos siguen atrapados en una peligrosa ilusión: creen que aquí nunca se llegará a los niveles de miseria, represión y crisis humanitaria que han devastado a Cuba y Venezuela. ¿Cómo pueden seguir confiando cuando la realidad les golpea todos los días con colas interminables por combustible, con precios de los alimentos que han subido un 60% y con un gobierno que miente descaradamente sobre la inflación?

El pueblo no ve, o no quiere ver, la crisis climática que ha destrozado cosechas y hogares, mientras el gobierno permanece indiferente. No reacciona ante los derrumbes, las inundaciones y las enormes pérdidas económicas. Prefiere seguir enfrascado en la corrupción, en peleas internas y en mantener su discurso triunfalista mientras el país se desmorona.

Las encuestas son contundentes: sólo el 1% de la población respalda a Luis Arce. El rechazo al gobierno es abrumador. Y a pesar de ello, el MAS insiste en que todo marcha bien y se enfrasca en una carrera electoral confiado en que ganará las próximas elecciones. La oposición parece confiar ingenuamente en que el partido oficialista se retirará en silencio cuando pierda en las urnas. Pero la historia reciente nos ha enseñado lo contrario.

Venezuela es el espejo más cercano: allí, Maduro se aferró al poder con trampas, represión y el desmantelamiento total de la democracia. Daniel Ortega en Nicaragua ha hecho lo mismo, reformando la Constitución a su conveniencia y consolidando una dictadura sin tapujos. Quien crea que el MAS no intentará lo mismo en Bolivia, simplemente no ha aprendido nada.

Algunos piensan que Andrónico Rodríguez podría ser una opción más racional, más pragmática. Gran error. Andrónico es un producto del MAS, del sistema que ha llevado a Bolivia a este punto de quiebre. Creer que él será diferente es tan ingenuo como pensar que Maduro reformaría Venezuela para bien.

La economía es un indicador claro del desastre inminente. Bolivia se está quedando sin reservas internacionales, el déficit fiscal sigue creciendo y el acceso al dólar es cada vez más complicado. Los inversionistas huyen, la gente quiere irse del país, las empresas cierran y el desempleo se dispara. Mientras tanto, el gobierno sigue apostando por un modelo estatista fallido que ha demostrado ser insostenible.

El problema es que el boliviano está demasiado confiado, demasiado adormecido. Cree que el colapso económico y político inevitablemente provocará un cambio radical. Pero ¿qué nos garantiza que ese cambio será para bien? ¿Está la oposición realmente preparada para enfrentar la maquinaria del MAS?

Es hora de exigir respuestas, de movilizarse, de presionar a la oposición para que proponga soluciones concretas y estrategias realistas. No basta con esperar a que el gobierno colapse por sí solo; hay que generar un verdadero movimiento de resistencia, con ideas claras y determinación. La historia nos ha mostrado que los regímenes autoritarios no caen solos. Es el pueblo el que los derrumba. Pero para eso, primero hay que despertar.