«Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.». (Mt 5,11)
El último día de marzo el diputado Rolando Cuéllar hizo pública su queja contra el arzobispo de Santa Cruz, Mons. René Leigue. No le gusta las orientaciones que este buen pastor ofrece al pueblo boliviano. Incapaz de pronunciar su apellido, se refiere a nuestro querido hermano como “Cardenal”, título que no le corresponde. Parece que nunca lo haya escuchado en vivo y directo. Pretende darle lecciones sobre su misión. Dice que está enviando una carta a la Conferencia Episcopal y al Papa Francisco pidiendo que lo destituyan. ¡Es más probable que lo felicite!
Las declaraciones desatinadas del diputado demuestran no solamente que está desubicado. Comprueba lo que la Iglesia Católica se dio cuenta ya en 1891 cuando el Papa León Magno publicó la primera gran encíclica social de la Iglesia “Rerum Novarum” para responder a los abusos de la revolución industrial y al desafío que planteaba el marxismo. Dejó claro que el socialismo no sirve para remediar las injusticias políticas y económicas. En su lugar promovió la doctrina social de la Iglesia.
Mons. René, licenciado en Teología Moral, es muy consciente de la dimensión política de la vida cristiana, como también lo es el Papa Francisco, explicando en detalle en su encíclica “Fratelli Tutti”. Obviamente el diputado Cuéllar y el resto del Masismo desconoce esta enseñanza. El MAS jamás entendió al Papa Francisco y tampoco a Jesucristo.
El MAS entra en conflicto con la Iglesia porque promueve el enfrentamiento y la violencia, mientras la Iglesia aboga por el diálogo y la reconciliación. El MAS promueve el centralismo y la Iglesia la subsidiariedad. El MAS nace de una ideología ateísta resentida; la Iglesia nace de la gratitud del Hijo de Dios que perdona desde la cruz. Somos esencialmente incompatibles.
Recordamos la intervención del Santo Padre en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares durante su visita a Bolivia en el 2015. Al decir que le gustaba la frase “proceso de cambio” aclaró que: “La opción es por generar procesos y no por ocupar espacios”, y añadió: “La Iglesia no puede ni debe estar ajena a este proceso en el anuncio del Evangelio”. Es evidente que Dios le ha dado a Mons. René un don para generar estos procesos con un lenguaje sencillo en sus homilías similar a Jesús en el Sermón de la Montaña.
La Iglesia determina por sí misma desde la Palabra de Dios cuál es su misión. Esta Palabra está llena de política, como, por ejemplo, cuando Moisés sacó a los hebreos de la esclavitud en Egipto enojando al Faraón; cuando Dios eligió como Rey a David enojando a Saúl; cuando los Profetas llamaron la atención a los reyes por sus muchos abusos, enojando a todos ellos; cuando Jesús le dijo a Pilato que su Reino no era como los de este mundo que suelen estar en poder de Satanás, dejándolo confundido; y cuando Pilato lo crucificó como “Rey de los Judíos”, que es como acusar a Mons. René de ser el representante de la oposición política.
La Palabra de Dios es una linterna con la que podemos iluminar cualquier realidad humana. Cuando enfocamos el ejercicio del poder, vemos fácilmente los abusos del mismo, especialmente en la esfera política. Pero como resume el Evangelio: “Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas” (Jn 3,20). Esta es la postura del diputado desatinado y de todos los que se enojan por la “política” de la Iglesia, que consiste en ejercer nuestra misión profética.
Gracias, Papa Francisco, por nombrar Arzobispo de Santa Cruz a nuestro querido Mons. René.
Felicidades, Mons. René por tu palabra profética.
Dios te bendiga.