La campaña electoral se vuelve cada vez más surrealista y reveladora. Los sectores evistas —con Evo Morales a la cabeza, el maestro del escape y líder simbólico desde su refugio en el Chapare— proponen tomar aeropuertos para evitar que Luis Arce huya del país después de las elecciones del 17 de agosto. La ironía es contundente: quien huyó en 2019 tras el fraude electoral, quien fue rechazado en el referéndum de 2016 y obligado a irse por la presión ciudadana, ahora pretende erigirse en vigilante de la justicia. Plantear el voto nulo como una consulta sobre su vigencia política no solo es una burla, sino una negación abierta a la voluntad popular ya expresada. Sin embargo, hay una idea rescatable: que nadie escape de la rendición de cuentas. Y si de fugitivos hablamos, Morales encabeza la lista. Tal vez el 17 de agosto no solo marque una jornada electoral memorable de despedida del MAS, sino también el inicio de un proceso de justicia histórica, donde ambos responsables del desastre económico, social y moral del país tengan que responder ante la ley.