Hacen bien las nuevas autoridades de la justicia boliviana, donde han comenzado a soplar ciertos aires de decencia, en iniciar la revisión de todas las detenciones y sentencias ejecutadas durante la era del MAS. Los primeros resultados se vieron desde el primer día, con la decisión de suspender el juicio ordinario contra la expresidenta Jeanine Áñez por el caso Senkata. Seguramente lo mismo sucederá con Fernando Camacho, Marco Pumari, los cientos de presos políticos que permanecen como rehenes del MAS y los miles de detenidos en las cárceles que padecen la oprobiosa justicia del régimen más corrupto y perverso que haya gobernado el país. Pero este proceso debe realizarse con la mayor celeridad posible, antes de que se produzca la segunda vuelta electoral. No vaya a ser que el 19 de octubre se dé una nueva sorpresa que repita la historia de 2019, cuando los bolivianos creíamos habernos librado de la dictadura. De ocurrir lo indeseable, Bolivia podría ingresar en una nueva etapa autoritaria, aún más recargada que la actual.