Editorial

El que calla, otorga

Edman Lara no se guarda nada. Un día asegura que está por encima de Rodrigo Paz y que él debió ser candidato a presidente. Al siguiente proclama que lo hizo ganar...

Editorial | | 2025-08-28 00:08:50

Edman Lara no se guarda nada. Un día asegura que está por encima de Rodrigo Paz y que él debió ser candidato a presidente. Al siguiente proclama que lo hizo ganar, y remata con ataques contra el sector privado y promesas como subir la Renta Dignidad a 2.000 bolivianos, algo que significaría la quiebra total del Estado. En paralelo, se da el lujo de amenazar a periodistas, a opositores e incluso al propio Rodrigo Paz. Su estilo es violento, populista y autoritario, más cercano al manual de Evo Morales que a la tradición democrática.

Al principio se dijo que eran “deslices”, fruto de la juventud e inexperiencia del excapitán. Pero la reiteración demuestra lo contrario: estamos frente a una estrategia calculada, un guion pensado para capturar el voto populista de quienes durante 20 años fueron adoctrinados por el MAS. El mismo libreto que llevó a Evo Morales y Luis Arce al poder: discursos incendiarios, identitarismo vacío y un desprecio absoluto por las consecuencias económicas y sociales.

Analistas advierten que Lara es la “creación más oscura” de Evo Morales, diseñado para seguir los pasos de Hugo Chávez o Daniel Ortega. No es casualidad que insista en un discurso de confrontación, amenazas y expropiación. Evo siempre buscó reeditar un proyecto comunista radical desde el Chapare, y ahora parece haber encontrado en Lara a su emisario perfecto. Tanto así, que algunos prevén que Rodrigo Paz podría ser víctima de un “golpe” de su propio vicepresidente en menos de 24 horas.

La actitud de Rodrigo Paz es, en este contexto, más reprochable que la de su compañero de fórmula. Porque Lara nunca ocultó lo que es: un caudillo emergente, con pulsiones autoritarias y populistas. Pero Paz sí prometió algo distinto. Ofreció diferenciarse del MAS, apostar por la democracia, el Estado de derecho y la institucionalidad. Sin embargo, su silencio lo convierte en rehén de la estrategia más peligrosa: el populismo identitario que incendia al país y arruina la economía.

Fernando Untoja lo sintetiza con precisión: la política de Paz y Lara es “libidinal”, puro grito vacío, placer en la confrontación, fuego sin luz. Nada de propuestas, nada de futuro. Solo el goce de atacar, de dividir, de incendiar.

La gran pregunta es si los bolivianos volveremos a caer en la trampa del populismo. Si volveremos a preferir “el infierno antes que un gobernante que no nos represente identitariamente”. La experiencia con Evo y Arce debería bastar para aprender que la identidad sin responsabilidad nos condena al abismo.

Rodrigo Paz calla. Pero su silencio no es prudencia, es consentimiento. Y en política, como en la vida, el que calla, otorga. Si no rompe con Edman Lara ahora, si no deslinda con claridad de un proyecto populista que amenaza con reeditar lo peor del pasado, entonces quedará claro que su candidatura no es alternativa al MAS, sino una de sus mutaciones. Y eso, en un país herido por dos décadas de populismo, no es un desliz: es una traición.

Rodrigo Paz calla. Pero su silencio no es prudencia, es consentimiento. Y en política, como en la vida, el que calla, otorga. Si no rompe con Edman Lara ahora, si no deslinda con claridad de un proyecto populista que amenaza con reeditar lo peor del pasado, entonces quedará claro que su candidatura no es alternativa al MAS