Tribuna

La sucia política populista

La sucia política populista
Jhonny Vargas - Politólogo | Politólogo
| 2025-08-29 07:08:12

Es preciso frenar los apetitos del populismo, tanto de izquierda como de derecha. De lo contrario, corremos el peligro de arruinarnos y contaminarnos todos. Bolivia aún tiene la esperanza de renovar las cosas sin populismo, sin demagogia y sin oportunismo.

La política populista de los bonos no trae felicidad ni utilidad a largo plazo. El populismo busca ganar votos con beneficios y prebendalismo, sin saber lo que le espera. Ni siquiera tenemos recursos para comprar diésel o gasolina, y aun así nuestros políticos irresponsables siguen ofreciendo agravar el hambre del mañana.

Bolivia debe atravesar un periodo de ajuste económico. Cualquier otro camino es peligroso y solo alarga la agonía. Los candidatos que han pasado a segunda vuelta conocen esta realidad, pero el candidato a vicepresidente Lara solo quiere aprovechar la ocasión para sacar rédito o ventaja política, buscando ganarse la opinión de una ciudadanía incauta, desesperada por la crisis económica. Lara pretende obtener la aprobación de mayorías inconscientes, seducidas y manipuladas a través de falsas promesas, al mejor estilo del Flautista de Hamelín.

Para los populistas, engañar es más útil que decir la verdad, sin dejar de lado acuerdos bajo la mesa con organizaciones y movimientos sociales exmasistas que, por conveniencia, hoy se acercan al PDC. Bonos y promesas convencen a los ociosos, los flojos, los corruptos y los mentirosos. Funcionarios del actual gobierno, deseosos de seguir disfrutando del poder, ahora lo hacen utilizando la sigla del PDC. El presidente Arce Catacora goza de poca estimación popular: es un mandatario débil, falto de carácter y decisión.

La experiencia boliviana ha demostrado que el populismo es dilapidador. Derrocha el dinero público en programas de ayuda gubernamental —bonos, subsidios, refrigerios para funcionarios ineficientes e improductivos— que solo perpetúan la mediocridad.

Hoy el populismo en Bolivia ha tomado cuerpo y espíritu en el candidato a la vicepresidencia Edman Lara. Su perfil psicológico es preocupante: es indeciso, ofrece hoy una cosa y mañana otra, no se deja aconsejar, se aparta de quienes lo guían bien y termina tomando siempre decisiones al revés. Es inestable emocionalmente y representa un peligro para la democracia. Cuanto más insiste en declaraciones altisonantes contra todos —amenazando a periodistas y ciudadanos—, más evidente se vuelve su debilidad, su narcisismo y su ambición desmedida. Muchos bolivianos ya se han dado cuenta, están decepcionados y menos dispuestos a votar por él, pues sienten que traicionó y mintió al país.

La gran pregunta es: ¿por qué los bolivianos no aprendemos de nuestras malas experiencias? ¿Por qué valoramos tanto lo fácil? No tomamos conciencia del daño que el socialismo ha ocasionado en Bolivia. ¿Tenemos tan poca memoria de las desgracias e injurias causadas por los dirigentes del extinto MAS, hoy camuflados en el PDC? Una y otra vez tropezamos con la misma piedra, sin cuidarnos del futuro que nos espera con el continuismo de un régimen dictatorial. Ese proyecto socialista se mantiene como sombra en el país, sostenido por un fraude bien montado con la complicidad del TSE, que busca dar vida al régimen en el cuerpo del PDC.

Cuando ofrecen bonos, lo hacen pensando primero en la utilidad política y en los votos que recibirán. Usan la demagogia para manipular la mente de quienes no tienen criterio propio. Prometen cielo, mar y tierra; luego cumplen con dificultad, o nunca. El pueblo ha sido vilmente engañado por las falsas promesas del populismo. Ambos candidatos del PDC son variables e inconsistentes: huelen a socialismo por todos lados y, en el fondo, son más codiciosos que prudentes. Como dice el refrán: “Promete y promete hasta que logre el objetivo; cumplido el objetivo, nadie se acuerda de lo prometido”.

Bolivia no quiere bonos: quiere condiciones y oportunidades de trabajo digno. Nuestro país muere de dolor y decepción por sus liderazgos tradicionales. Este gobierno del MAS ha depredado el Estado, y la siguiente administración, si insiste en el populismo, terminará por destruirlo todo.

El país exige orden. Esperemos que los próximos gobernantes comprendan los sentimientos de la Nación. Bolivia está confundida; sus próximos líderes deben examinarse y corregirse, tanto en comportamiento como en actitud. Con socialismo y populismo, la juventud se corrompe y se convierte en instrumento de las ambiciones del socialismo del siglo XXI. Así, mediante populismo, demagogia y chantaje, se ha instaurado en Bolivia el régimen del terror y el fraude.

El populismo es sedicioso, un cáncer, una enfermedad. Puede llevar a la ruina del país si no cambiamos. Esa ruina será causada por la falta de sensatez y por la credulidad de quienes creen que con bonos saldremos de la catástrofe. No somos prudentes al elegir a nuestros gobernantes, y eso tiene consecuencias graves.

Jhonny Vargas - Politólogo | Politólogo