Una vez conocidos los resultados de la segunda vuelta de las elecciones generales llevadas a cabo en 2025, el país contará por primera vez en su historia política con un nacido en España que lo gobernará hasta el 2030. Rodrigo Paz Pereira, quien nació en el país ibérico por accidente y que, según sus declaraciones en anteriores oportunidades, cuenta con la nacionalidad boliviana, resultó elegido mediante el voto nacional-popular como nuevo primer mandatario del país.
Bolivia, hasta la fecha, tuvo dos mandatarios extranjeros: Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, ambos de nacionalidad venezolana. Según la actual Constitución Política del Estado (CPE), en su artículo 141.I, la nacionalidad boliviana se adquiere por nacimiento o por naturalización. Son bolivianas y bolivianos por nacimiento las personas nacidas en el territorio boliviano —con excepción de las hijas e hijos de personal extranjero en misión diplomática— y las personas nacidas en el extranjero de madre boliviana o de padre boliviano.
Hasta ahí, todo claro en lo legal. Pero lo que llama profundamente la atención es que los denominados “movimientos sociales”, que formaron parte de los gobiernos masistas durante casi veinte años, hayan votado por un español para que gobierne el país durante los próximos cinco años. ¿Dónde queda ese discurso de dichos sectores sociales que, por casi dos décadas, repitieron como loros los 500 años de sometimiento y opresión colonial española que sufrió este “territorio originario y campesino”?
Con esto se demuestra que la convicción ideológica ya no existe: prima, ante todo, el interés económico de estos dizques “movimientos sociales” por seguir sirviéndose del poder, tal como lo hicieron con los gobiernos masistas de Evo Morales y Luis Arce. No se explica de otra manera la victoria electoral —en primera y segunda vuelta— de Rodrigo Paz y Edman Lara sin la participación de estos movimientos sindicalizados.
La llegada al poder de ambos ciudadanos no será nada placentera. Estos mismos grupos sociales populares que los llevaron al poder tal vez sean los mismos que intenten bajarlos del trono presidencial y vicepresidencial si no satisfacen sus ambiciones personales, como por ejemplo copar distintos ministerios, tal como lo hicieron a diestra y siniestra durante el evismo y el arcismo.
Estos movimientos populares son un artificio ideológico que ya no tiene cabida en la realidad actual. Son sumamente peligrosos y traicioneros, porque están con el gobierno de turno —así como estuvieron con el MAS, ahora están con el PDC—. En realidad, son corporaciones prebendales, corruptas y coyunturales.
Ya saborearon el poder, y con el gobierno que esté a cargo del Estado, así nomás actuarán. Ya no les importan las luchas ideológicas que predominaban en los años cincuenta, sesenta, setenta, ochenta o noventa. Toda lucha social en ese entonces, frente a los gobiernos de turno, tenía como nervio motor un pensamiento definido. Ahora, todo se ha prostituido: por unas cuantas monedas se venden al mejor postor. Ejemplo claro de ello es el mercenario exdirigente cobista Juan Carlos Huarachi.
No por nada Evo Morales, en las últimas horas, advirtió a Paz y Lara que entran al gobierno “condicionados”, ya que gracias al voto evista y a sus organizaciones sociales llegaron al poder, y que la victoria obtenida en las urnas “no les da un cheque en blanco”, por lo que deben gobernar consultando y obedeciendo “al pueblo”.
Rodrigo Paz y Edman Lara ya están advertidos por el caudillismo evista y sus “organizaciones sociales”. En otras palabras, ya recibieron las directrices de cómo deben gobernar una vez posesionados en sus cargos. Si no lo hacen de acuerdo con sus intereses, tal vez ni siquiera lleguen a cumplir su primer año de gestión.
Lo grave también es que las nuevas autoridades electas tendrán que dormir con un ojo abierto, porque los senadores y diputados del PDC —casi un 70% de ellos exmasistas y pertenecientes a esos “movimientos sociales” sindicaleros— no son nada confiables ni leales para ejercer cargos públicos.