Dios te bendiga

Bicentenario

Bicentenario
Mons. Roberto Flock - Obispo de San Ignacio de Velasco | Columnista
| 2025-08-09 00:04:00

«El que estaba sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas»

(Apocalipsis 21,5)

Como Gringo extranjero me siento un poco fuera de lugar escribiendo sobre el Bicentenario de Bolivia. Sin embargo, he dado 37 de mis 68 años de vida a Bolivia, 86% de mis años de sacerdote, y todos mis 12 años de Obispo. Con frecuencia durante las vacaciones en mi tierra natal me preguntan sobre mi tierra de misión: ¿Cómo es Bolivia? Y sé que su interés es sincero y a la vez superficial. ¿Cómo ofrecerles una respuesta digna, honesta y suficientemente compleja que no sea una caricatura? En un área apenas dos tercios de Alaska, Bolivia tiene mayor diversidad y riqueza geográfica, ecológica y cultural que los EEUU y sin embargo es un pueblo que quiere levantar la cabeza con orgullo en medio del mundo, pero no encuentra cómo.

En los EEUU muchos quisiéramos cambiar el himno nacional a “America the Beautiful” (ver la traducción en español con su mensaje de conversión en Wikipedia); de manera similar, aunque netamente andino, a mí me parece que los Kjarkas escribieron un himno nacional para Bolivia cien veces mejor que la actual marcha militar, que reproduzco aquí sin las repeticiones; usted añade en su mente la apasionada música:

Ser tu bravura / Ser la fuerza y juventud. / De tu letargo mudo la voz / De inquietud.

Boliiiiiiiviaaaa.

Quiero pegar / Un grito de liberación. / Después de siglo y medio / De humillación.

Boliiiiiiviaaaaa.

Quiero que tengan tus días / Destino mejor. / Y el futuro sonríe / Prometedor.

Boliiiiiiiiviaaaaaa.

En la falda de tus cerros / Haré mi hogar / Donde felices los niños / Irán a jugar.

Boliiiiviaaaaaa.

Solo que ya tenemos todo “un Bicentenario de humillación”. Pero ¿quién quiere celebrar en un himno nacional la humillación?

Al ahondarse la actual crisis económica con la grave escasez de combustibles y las próximas elecciones, casi nos olvidamos del bicentenario. ¿Cómo celebrar estos 200 años?

Según la inteligencia artificial desde nuestra independencia ha habido 19 Constituciones Políticas del Estado y 190 Golpes de Estado (más otros 10, según los masistas). Además, somos campeones mundiales del bloqueo de caminos. Vemos posibilidades de desarrollo desvanecerse por el manejo económico inepto y corrupto de gobiernos de turno, y nuestro pueblo aguanta una tragedia tras otra.

¡Aguante! ¡Por tropiezo encuentro la palabra que estoy buscando! ¡Aguante!

¡Qué increíble aguante tiene el pueblo Boliviano! Sean del oriente, sean del interior, sean chiquitanos, sean aymaras, sean con prisión política injusta, sean con algo de libertad, es un pueblo que aguanta todo y sigue luchando. ¡Qué increíble corazón en el corazón del continente! Si algún día logramos luchar juntos, ¡Dios mío, Bolivia será el corazón que bombea toda la sangre de Sudamérica!

Sacamos un poco la hipertensión de nuestros resentimientos, limpiemos nuestras venas del colesterol de nuestras corrupciones, aprendamos a amarnos entre oriente, occidente, alturas, valles, llanos y selvas; y Bolivia dejará por detrás para siempre todas sus humillaciones.

El 6 de agosto, aniversario de nuestra independencia, siempre coincide con la fiesta litúrgica de la Transfiguración, momento en que Jesús lleva a sus discípulos más íntimos al alto monte para revelar, antes de su pasión, su verdadera gloria. “Luego, desde la nube se oyó una voz que decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo».” (Lc 9,35).

En la cruz, Jesús aguantó toda clase de humillación, “Después de beber el vinagre, dijo: «Todo se ha cumplido». E inclinando la cabeza, entregó su espíritu” (Jn 19,30). Poco después, ya desde el trono celestial y con la cabeza en alto, dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5).

Aunque produce excelentes vinos, Bolivia ha probado mucho vinagre. No merece más humillaciones. Pidamos a Aquel que puede hacer nuevas todas las cosas, que renueva a nuestra querida Bolivia y que bendiga en este Bicentenario a todos sus hijos e hijas.

«Yo considero que los sufrimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria futura que se revelará en nosotros» (Rm 8,18).

Que Dios te bendiga.

Mons. Roberto Flock - Obispo de San Ignacio de Velasco | Columnista