León XIV, el segundo pontífice anglosajón después de Adriano IV (Nicholas Breakspeare en el siglo 12) y el segundo de la periferia después de Francisco, hoy también es el segundo Obispo de Roma —después de Adriano I en el siglo 8— que asiste a Nicea, la que fue capital de los imperios bizantino y otomano en el siglo 4 (un Estado que en aquel entonces se extendía desde Escocia hasta el Mar Rojo y desde Marruecos hasta las actuales Siria, Jordania e Irak), ciudad hoy denominada Iznik, una pequeña población de 23 mil habitantes parte de la República de Turquía.
¿Qué importancia tiene este viaje?, que luego continuará en el Líbano. En primer lugar, porque este año se conmemoran los 1.700 años del Primer Concilio de Nicea, el primer Concilio Ecuménico de los siete reunidos antes de la ruptura por el Cisma de Oriente (1054); celebrado entre mayo y junio de 325 y presidido por el emperador romano Flavio Valerio Constantino el Grande —quien había cristianizado el Imperio tras el Edicto de Milán de 313— y el obispo Ossius de Córdoba, padre de la Iglesia hispana y consejero principal de Constantino (porquer el entonces Papa San Silvestre I estaba muy enfermo y falleció antes de finales de año por lo que no pudo trasladarse a Nicea). El Concilio —masivo y mundial por los participantes para los cánones de su siglo—, aceptado hasta hoy tanto por católicos, ortodoxos, ortodoxos orientales, luteranos, anglicanos, reformados y algunos evangélicos modernos, por ende fue un símbolo de unidad de los pueblos del Imperio convertidos al cristianismo por el emperador, unido con la condena de la herejía del arrianismo (definiendo un solo Dios en tres personas divinas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo), la construcción del primer Credo cristiano único (el credo niceno), el establecimiento uniforme de la fecha de la Pascua y la promulgación del primer derecho canónico pero, más importante aun: el Concilio convirtió la religión en un "instrumento de Estado" romano cristianizado, una cohabitación que unificó Occidente y que, con muchas variantes, perviviría hasta la Revolución Francesa en los finales del siglo 18.
No menos importante, es que el Santo Padre hoy completa la idea programada pero nunca cumplida por su antecesor Francisco: estar este año en el aniversario del Concilio, que el Papa León concelebrará junto con el Patriarca Ortodoxo Griego Bartolomé I y otros líderes cristianos.
Y en tercer lugar, tampoco menos importante y seguro también en el deseo del Papa Francisco: el llevar un vibrante mensaje de Paz y Solidaridad a los pueblos del Cercano Oriente: libaneses, judíos, palestinos, drusos, entre otros, sin importar su religión (islamitas chiíes y suníes; drusos, quienes no se consideran musulmanes; católicos maronitas, cristianos griegos ortodoxos, católicos melquitas, protestantes, cristianos armenios ortodoxos, católicos armenios, siríacos católicos, siríacos ortodoxos, católicos, cristianos católicos caldeos, cristianos asirios, católicos coptos, católicos armenios, cristianos evangélicos, además de otros credos minoritarios, incluidos judíos)
El Papa León XIV llegará a Beirut este domingo con un mensaje que ha repetido desde su llegada a Turquía: Ecumenismo, diplomacia y paz en tiempos de crisis.
En medio de un mundo angustiado por la violencia en Oriente Cercano y Medio —el Papa llegará al Líbano en un momento que se han recrudecido los bombardeos israelís contra los remanente de las milicias de Hezbollah— y en todos los conflictos armados en el mundo, sobre los que ya el Papa ha proclamado enérgicamente: «En el dramático escenario actual de una tercera guerra mundial en vilo, como ha afirmado repetidamente el Papa Francisco, yo también me dirijo a los grandes del mundo, repitiendo el llamamiento siempre actual: “¡Nunca más la guerra!”») y también preocupado por la disminución de comunidades cristianas y las tensiones internas dentro de la Iglesia, el viaje actual del Papa León XIV es un llamado a la reconciliación, a la paz, al diálogo interconfesional y a la esperanza frente a la adversidad. Así mismo, a la llegada a Ankara evocó la figura de San Juan XXIII —quien fuera delegado apostólico en Turquía— como ejemplo de cercanía, humildad y alegría misionera.
Como en Nicea hace 17 siglos, proclamar la paz, la unidad y la reconciliación son los elementos más urgidos en este siglo 21 bendecido y, también, maltratado. En palabras de León XIV a su llegada a Turquía: «Está en juego el futuro de la humanidad».
Reflexionar sobre este primer viaje apostólico de León XIV no me dejó espacio para escribir sobre una tradición boliviana no muy socorrida: los vicepresidentes “revoltosos” con ideas que he leído en Carlos Hugo Laruta y en mi querido amigo Gonzalo Mendieta Romero. Queda —Dios y Lara mediantes— para la próxima semana.
Un fin de semana bendecido a todos (incluidas siempre todas).