Editorial

Los retos del Gobierno para 2026

Bolivia cerró 2025 con un hecho histórico: el quiebre del monopolio político del MAS tras casi dos décadas en el poder. La victoria de Rodrigo Paz marcó el fin de un ciclo...

Editorial | | 2026-01-03 09:22:06

Bolivia cerró 2025 con un hecho histórico: el quiebre del monopolio político del MAS tras casi dos décadas en el poder. La victoria de Rodrigo Paz marcó el fin de un ciclo, pero no la desaparición de su principal protagonista. El fantasma del MAS sigue vivo. Y no es una figura etérea ni un recuerdo incómodo: tiene carne, hueso, nombre y voz. Se llama Evo Morales. Y hoy también se reproduce, de forma burda pero peligrosa, en Edman Lara.

Se habló mucho de la “derrota del MAS”, de su implosión, de su desgaste irreversible. El partido perdió las urnas, perdió legitimidad social y perdió el control del relato económico. Pero lo que no ha perdido es capacidad de daño. Evo Morales sigue libre, activo, con palestra política, acechando mediáticamente, moviendo hilos en sindicatos, redes sociales y organizaciones que aún le responden. No es un fantasma del pasado: es un actor del presente.

Ese fantasma también se manifiesta en Edman Lara, vicepresidente y antagonista interno del gobierno. Lara no es Evo Morales, pero intenta serlo. Repite consignas, dramatiza el conflicto social, denuncia “ajustes neoliberales” y se monta sobre el malestar que inevitablemente generan las decisiones económicas duras. No lidera, pero estorba. No propone, pero bloquea. Y eso, en un contexto de crisis, es combustible puro.

Mientras el Gobierno enfrenta el desafío mayúsculo de recomponer una economía devastada, la COB, sectores sindicales y grupos afines al viejo MAS salen a movilizarse. El fantasma reaparece en las calles, en la narrativa de “defensa del pueblo”, en la lógica del conflicto permanente, el discurso del miedo y la desinformación.

El riesgo es claro: que el MAS, como ave fénix, vuelva a levantarse. No necesariamente como partido unificado, sino como fuerza disruptiva capaz de capitalizar el desgaste del Gobierno. Marzo de 2026, con las elecciones subnacionales, aparece como un punto crítico. Si el Ejecutivo no logra articular políticamente su gestión, explicar el rumbo económico y sostener legitimidad social, el fantasma puede volver a corporizarse.

Los retos para 2026 son múltiples y simultáneos. Primero, estabilizar la economía sin perder apoyo ciudadano, amortiguando el impacto del ajuste con políticas sociales bien focalizadas. Segundo, reformar el Estado que heredó intacto del MAS: pesado, ineficiente, capturado por intereses corporativos. Tercero, atraer inversiones con seguridad jurídica real, no sólo discursiva. Y cuarto, quizá el más complejo, construir poder político sin caer en el caudillismo ni en la parálisis.

¿Qué hacer con Evo Morales? La pregunta sigue abierta y es explosiva. ¿Y qué hacer con Edman Lara? Esa ya no es una hipótesis: es una realidad cotidiana. Convivir con él es una carrera de obstáculos que desgasta al Gobierno desde dentro.

2026 será un año duro. De transición, de conflicto, de decisiones impopulares pero necesarias. El MAS ya no gobierna, pero su fantasma sigue ahí, esperando errores, fisuras y cansancio social. Derrotarlo de verdad no será solo ganar elecciones, sino desmontar el modelo político que lo hizo posible.