
El futuro político y social de Venezuela está en la total incertidumbre en este momento, pero millones de venezolanos en el exilio celebran en este momento que su país pueda quizás escribir un nuevo capítulo sin el dictador Nicolás Maduro. Un grupo de migrantes venezolanos en Bogotá corrieron temprano en la mañana hacia la Plaza de Bolívar, en el centro de la capital, a cantar a todo pulmón el himno nacional que celebra la “gloria al bravo pueblo”. Colombia ha sido el principal país de acogida de la diáspora venezolana en los últimos años, con cerca de tres millones de migrantes en su territorio actualmente. En total, se estima que unas ocho millones de personas dejaron el país por la crisis política, económica y social creada por el chavismo. Muchos de ellos, hoy, esperan poder regresar.
“Por el momento, la mayoría de las reacciones que yo veo son desde la incredulidad hasta la esperanza”, dice por teléfono Víctor Mijares, venezolano y profesor de ciencia política y estudios gobales de la Universidad de los Andes de Bogotá. “Incredulidad porque ya en el pasado ha habido tantas oportunidades perdidas, que existe entre los venezolanos lo que se llama una ‘desesperanza prendida’: la gente descree un cambio hasta que sea muy certero. Pero creo que en esta oportunidad hay elementos para la esperanza, este no es un golpe cualquiera, es un golpe muy fuerte. Ahora el temor será más del tema de seguridad, de estabilización del país, pues hay muchos ciudadanos armados en las calles de Venezuela que pueden volverse anárquicos”.
En las plazas del país, algunos venezolanos lloran de alegría. “Yo creo que no hay palabras para describir la felicidad que sentimos. No hemos dormido desde la 1:30 a.m”, dijo una de ellas en la capital colombiana. Otra de ellas entiende de forma positiva que Donald Trump haya anunciado que Estados Unidos controlará el país temporalmente. “Entiendo la decisión, porque hasta que no pueda existir una transición real, tiene que haber alguna especie de control, porque si no el control sigue estando en manos de un Diosdado Cabello, de un Padrino López, de los hermanos Rodríguez”, dijo desde el norte de Bogotá Denise Bourne, directora de la ONG Un país libre para mis hijos.
Los festejos en Chile, donde los migrantes venezolanos ascienden a más de 728 mil actualmente, comenzaron desde que se conoció que Maduro, junto con su esposa Cilia Flores, fueron atrapados por Estados Unidos. Cerca de las 6.30 de la mañana, en algunas zonas de Santiago se escuchó el himno nacional de Venezuela, Gloria al Bravo Pueblo, y canciones típicas de ese país, junto con gritos: “¡Cayó el tirano! ¡Atraparon a Maduro! ¡Somos libres!”. Las manifestaciones de alegría, al principio efectuada desde viviendas, luego se contagiaron a las calles. Parte de la diáspora salió a celebrar en vehículos, ondeando banderas de su país y tocando bocinas, o concentrándose en parques como Almagro, a pocas cuadras del palacio presidencial de La Moneda, o en las calles de Santiago.
“Estamos muy contentos. Nosotros luchamos durante años en las calles, nos asesinaron, y no pudimos solo contra la dictadura porque era el pueblo contra toda la fuerza militar de Maduro. Ya no había modo de sacarlo, sino como se hizo esta madrugada”, dijo Manuel Avendaño, de 34 años. Los venezolanos convocaron a una concentración, a las 19.00 de la tarde (horario local) en el Parque Almagro, con Paseo Bulnes, donde prevén pronunciarse. Un grupo minoritario de algunos chilenos – menos de una veintena – se apostó en La Moneda con carteles para rechazar la intervención en Venezuela.
“Somos libres”, le dice Carlos Patiño en Buenos Aires a un cliente que entra en la cafetería venezolana Voy al grano. Ambos se funden en un abrazo de alegría, al igual que muchos de los más de 160 mil venezolanos que residen en Argentina. La mayoría todavía no termina de creer que las fuerzas de seguridad de Estados Unidos capturaron esta madrugada al líder chavista en un ataque militar. Unos festejan la operación, otros la aceptan como un mal menor ante el rechazo de Maduro de abandonar el poder después de su derrota en las elecciones presidenciales de 2024.
Esta tarde hay convocada una movilización en el Obelisco, punto neurálgico de la capital argentina, para festejar que Maduro ya no está al frente de Venezuela. “La sensación que tengo ahorita es de shock. Desde que me enteré, esta mañana, a las seis, pasé horas pensando: ¿será verdad? Porque como hace tantos años que lo esperamos, no lo podíamos creer”, asegura Carmen Ogliastre, de 64 años, residente venezolana en Buenos Aires desde hace una década.
En las calles de Lima, Perú, que alberga a más de un millón de venezolanos, la situación es similar. Al pie del busto de Abel Bergasse du Petit Thouars —un almirante francés que protegió a Lima durante la Guerra con Chile—, centenares de venezolanos han formado una ronda y no paran de bailar tambor. Después de apostarse frente a la embajada de Venezuela, la diáspora hace sentir su alegría en un parque, ubicado en la urbanización Santa Beatriz. Su bandera ondea, atada a sus cuellos, pero también se luce como stickers desde sus mejillas. Algunos visten la camiseta Vinotinto de su selección de fútbol mientras que otros llevan en sus polos los rostros de Óscar Alberto Pérez, el policía abatido que se sublevó contra Maduro en 2017, y María Corina Machado, la Nobel de la Paz que se preparaba para tomar el poder pero cuyo liderazgo ha sido cuestionado por Donald Trump.
“Trump es un aliado al cual le agradecemos no dejarnos solos frente a la barbarie. Él no busca el petróleo. Está bien claro que esos son los rusos y los chinos”, dice Óscar Pérez, el presidente de la ONG Unión Venezolana de Lima. Aunque sus palabras podrían ser calificadas como ingenuas, el político respalda la intromisión militar de los Estados Unidos. “Es la única manera de sacar a ese tipo de criminales”.
México ha sido otro de los territorios de llegada para los venezolanos que huían de la crisis que ha asfixiado a Venezuela en los últimos años. La venezolana ha sido la nacionalidad con más personas en situación irregular en el país desde 2022, año en el que el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) impuso visa a los ciudadanos de este país, pero las cifras no son claras sobre el total de ellos (algunas algunas instituciones estiman que son al menos 400.000 personas).
Una pareja, Manuel Bello y Daniela Macero, siguieron las noticias del bombardeo toda la noche. “Las noticia shockeó burda […] Mi primera impresión fue que nadie estaba hablando de tragedia, como de muertos y cosas así. Nos quedamos despiertos con la adrenalina, viendo los sucesos desenvolverse”, cuenta él. La pareja dice que hubo cosas que les gustaron y otras que no en las palabras de Trump: “Nunca habló de si hubo saldo de muertos… Solo hablaba de los gringos. Eso no nos gustó para nada. Pero tengo la tranquilidad de que va a haber un gobierno gringo de transición, creo que es lo más pacífico que puede haber”.