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Venezuela después de Maduro: las tres preguntas que deciden la transición

Enfoque Internacional | Juliana Montani - Latinoamérica21 | 2026-01-06 00:02:00

¿Quién controla las armas? ¿Quién controla el dinero? ¿Quién puede aceptar perder una elección sin romper la democracia?

La teoría política distingue dos grandes tipos de transiciones a la democracia desde regímenes autoritarios, que en la práctica rara vez se presentan en estado puro. Por un lado, están las transiciones negociadas, basadas en acuerdos entre sectores del régimen y de la oposición, generalmente entre actores moderados. Estos procesos suelen derivar en continuidades institucionales, garantías para las élites salientes, amnistías y cambios graduales y controlados. Chile y España son ejemplos clásicos. Philippe Schmitter y Guillermo O’Donnell señalaron que estas negociaciones ocurren, sobre todo, cuando ninguna de las partes tiene fuerza suficiente para imponerse plenamente.

El otro gran tipo de transición es el que se produce por el colapso del régimen autoritario, ya sea por crisis económica, derrota militar o movilización civil. Argentina tras la guerra de Malvinas, así como Grecia y Portugal en 1974, ilustran este camino.

Décadas más tarde surgió una pregunta clave: ¿qué tipo de democracia resulta de una transición y con qué capacidades reales? Juan Linz y Alfred Stepan subrayaron que salir del autoritarismo no basta: la democracia debe ser aceptada por todos los actores como el único juego posible. O’Donnell observó que muchas transiciones producen democracias electorales, pero no republicanas, introduciendo el concepto de “ciudadanía de baja intensidad”. Adam Przeworski, desde una visión institucional, sostuvo que la democracia funciona cuando los perdedores aceptan los resultados con la expectativa de poder ganar en el futuro.

Venezuela es hoy un laboratorio para estas teorías. Con información incompleta y mientras se reconfiguran las fuerzas con poder de decisión y veto, el escenario sigue abierto. Una intuición, sin embargo, parece clara: la aprehensión de Maduro no resuelve la transición; apenas inaugura su fase más riesgosa. Es allí donde se define si el proceso derivará en una ruptura, una transición pactada o una experiencia híbrida.

Tres trayectorias posibles

El primer escenario es el de la ruptura. Ocurriría si la detención de Maduro provoca el colapso del mando y la pérdida de coordinación del régimen. Podrían abrirse grietas en las Fuerzas Armadas, los servicios de inteligencia, la policía, las milicias y los gobiernos locales. La fragmentación del aparato coercitivo abriría oportunidades para reformas rápidas, como la liberación de presos políticos o la apertura electoral. El riesgo es la anomia y la violencia: represalias, censura, luchas internas por el poder o la emergencia de un nuevo actor armado que reconstruya el orden bajo un liderazgo autoritario.

El segundo escenario responde a la lógica de una transición pactada. El retorno a la institucionalidad y la convocatoria a elecciones se producirían a cambio de garantías como exilio, amnistías parciales o preservación de cuotas de poder económico y militar. El acuerdo involucraría a sectores moderados del chavismo, la oposición y garantes externos. Es un pacto bajo coerción: los actores clave no solo negocian, sino que tienen capacidad de hacer cumplir lo acordado. El riesgo es conocido: justicia débil, reciclaje de la corrupción, colonización del Estado por intereses heredados y concesiones institucionales diseñadas para asegurar estabilidad más que rendición de cuentas.

El tercer escenario es una transición tutelada. Aquí, el cambio de élite gobernante se produce principalmente por intervención o supervisión externa. Bosnia-Herzegovina o Irak son ejemplos extremos. El principal riesgo es un severo déficit de legitimidad: una democracia percibida como impuesta desde fuera y con baja capacidad de generar obediencia interna. A ello se suma la posibilidad de que el chavismo, aun sin Maduro, sobreviva como identidad política apoyada en redes territoriales, económicas y criminales, reforzadas por un relato de agresión extranjera.

Impunidad o incertidumbre

Si predomina un pacto, la transición puede ser más rápida, pero actores del régimen anterior conservarán poder y privilegios, lo que suele traducirse en negociaciones de impunidad y reformas lentas. Si predomina la ruptura, la democracia puede nacer con mayor ambición reformista, pero también con más incertidumbre económica y menor confianza inicial.

En última instancia, el futuro de Venezuela se reduce a tres preguntas: quién controla las armas, quién controla el dinero y quién puede garantizar que, al perder elecciones —y con ellas privilegios e impunidad— seguirá apostando por la democracia. En Venezuela, la democracia puede comenzar ganando una elección, pero solo prosperará cuando alguien acepte perderla.