Bolivia atraviesa un momento de quiebre institucional que necesita decisiones providenciales. La reciente revelación de que apenas 50 dirigentes sindicales administran 18 millones de dólares provenientes de aportes obligatorios es la prueba definitiva de un sistema caduco.Mientras el país enfrenta una crisis económica profunda, una casta de "líderes" se enriquece bajo el amparo de un fuero sindical que hoy solo sirve para el chantaje político. Se debe cumplir la amenaza de eliminar por completo el aporte obligatorio. No se trata de solidaridad, sino de una exacción forzada que alimenta un estilo de vida parasitario a costa del sudor ajeno. Estos dirigentes, lejos de proteger al obrero, perjudican la productividad nacional con paros y bloqueos que solo buscan perpetuar sus privilegios. Bolivia necesita ciudadanos con mentalidad de progreso, trabajadores comprometidos y emprendedores, no capataces ideológicos que secuestran la economía estatal. La libertad laboral empieza por el bolsillo del trabajador: el aporte debe ser voluntario. Solo así acabaremos con la tiranía de quienes, a nombre de las bases, solo saben vivir del conflicto y la prebenda.