“En el crimen del malvado hay una trampa,
pero el justo corre lleno de alegría”.
(Proverbios 29, 6).
Al mirar la conferencia de prensa de Trump después de la captura de Maduro, esperaba la pregunta: ¿cuántos venezolanos murieron en el operativo? Pero nadie se atrevió a averiguarlo, ni ninguna otra cosa que pudiera incomodar su momento de triunfo. Me explicaron: “Es que ahora las preguntas son aprobadas de antemano; la rueda de prensa prácticamente sigue un guion”.
Se explicaba que no hubo ninguna pérdida de fuerzas estadounidenses, ni de personal ni de equipos. Posteriormente, nos enteramos de que hubo daños materiales y heridos. Actualmente indican que fallecieron miembros del equipo de seguridad de Maduro, hasta 80 personas, incluso 32 cubanos. La información tarda en salir, incluso desde Venezuela. ¿Tuvieron la oportunidad de rendirse? Sabemos que Maduro tuvo amplias oportunidades de exilio y que su gobierno no era legítimo; por lo tanto, tampoco es legítima la actual sucesión. Los únicos que tienen simpatía por él son las otras dictaduras que lo apoyaban. Los cubanos no tenían por qué estar allí.
Pero esto no absuelve las trampas de Trump.
En los ataques previos a los barcos en el Caribe, no se les dio oportunidad alguna de rendirse o de inspeccionar sus cargas para verificar si llevaban droga, como se les acusaba. Simplemente los destruían y los asesinaban con el poderío de la fuerza naval estadounidense. Actuaba como Putin, y peor aún, sin honor. Mar-a-Lago se convierte en Mancha-a-Largo.
Personalmente, quisiera ver a los Estados Unidos acabar con las dictaduras de Rusia, Cuba y Nicaragua también, seguido de la inmediata restauración de auténticos procesos democráticos en estos países. Sé que esto es más fácil de decir que de realizar.
Obviamente, es más fácil atacar a Venezuela que a Rusia. Es relativamente sencillo capturar a Maduro y casi imposible capturar a Putin. Pero hay mucha más justicia en defender a Ucrania que en tumbar a Maduro. A fondo, no se enfrentaría con Putin porque Trump es un cobarde. Por eso ataca al blanco fácil y controla sus conferencias de prensa.
En este contexto, vale la pena seguir leyendo los consejos de Proverbios 29, observando a estos y a nuestros gobernantes:
“Cuando gobiernan los justos, el pueblo se alegra; cuando domina un malvado, el pueblo gime. (…) En el crimen del malvado hay una trampa, pero el justo corre lleno de alegría. El justo se preocupa por la causa de los pobres, pero el malvado es incapaz de comprender. Los provocadores alborotan la ciudad (pienso en la COB), pero los sabios calman la efervescencia. Cuando un sabio entra en pleito con un necio, sea que se irrite o se divierta, no resuelve nada. Los sanguinarios odian al hombre íntegro, pero los rectos buscan su compañía. El insensato da libre curso a su mal humor, pero el sabio lo refrena y lo apacigua. Si un jefe se deja llevar por habladurías, todos sus servidores se vuelven malvados. El pobre y el opresor tienen esto en común: el Señor ilumina los ojos de los dos. Si un rey juzga a los pobres conforme a la verdad, su trono estará firme para siempre”.
Dios te bendiga.