Nuevo Paradigma

Subsidio a la salud pública: la red de seguridad

Subsidio a la salud pública: la red de seguridad
Gustavo Adolfo Aponte Zambrana | Columnista
| 2026-01-15 00:06:00

Un(a) ciudadano(a), además de contar con igualdad de oportunidades al acceder a una educación de buena calidad que le permita autosostenerse a sí mismo o a su familia mediante un empleo, emprendimiento, autoempleo u otro, tendrá el respaldo de un Sistema Único de Salud (SUS) que lo mantenga en mejores condiciones de salud, permitiéndole trabajar y prosperar con su propio esfuerzo. Además, constituye una red de seguridad como la del trapecista: cuando cae en el infortunio, no choca contra el piso ni queda destruido. Si cuenta con salud y educación–capacitación, puede volver a levantarse y continuar luchando.

Este servicio, en sus tres niveles (municipal, departamental y nacional), cuenta con postas sanitarias, hospitales municipales y hospitales departamentales de tercer nivel, además de entidades nacionales que coordinan temas macro de salud, permitiendo que el ciudadano no afiliado a ninguna de las Cajas de Salud pueda obtener asistencia sanitaria.

Por su parte, se deberá permitir que el asegurado dependiente que asiste a las Cajas de Salud preexistentes (actuales) pueda cambiar de Caja de Salud al inicio de cada año, según su decisión y libre criterio, evitando monopolios indefinidos de mala atención y permitiendo que todas las Cajas de Salud compitan por los clientes asegurados en términos de eficiencia y calidad de atención. Asimismo, se deberá permitir la creación de Cajas de Salud privadas, aseguradoras de salud u hospitales privados integrales, para que puedan ingresar en dicha competencia y servir tanto a las personas laboralmente dependientes de una empresa como a los millones de personas desocupadas que pertenecen al sector informal.

El SUS deberá mejorar técnica y tecnológicamente; sus recursos humanos deberán ser mejor capacitados y depurados, y contar con equipamiento moderno, abastecimiento suficiente de medicamentos y estándares de calidad. El SUS forma parte de esa priorización que brinda al ciudadano igualdad de oportunidades para avanzar y prosperar en la vida. Estos subsidios no serán una garantía para la flojera ni la vagancia, sino una red de protección básica que actúe como un trampolín en la esforzada vida de las personas que luchan diariamente.

El SUS, como subsidio, está dirigido a personas que no cuentan con otro seguro o Caja de Salud pública. Se lo brindará sin distinción del nivel de ingresos del ciudadano que requiera o necesite atención de salud, no solo en lo preventivo, sino también en lo curativo y reparativo, especialmente para quienes no cuentan con los recursos necesarios para afrontar el comparativamente mayor costo de la salud privada o desean una protección adicional.

El SUS presenta ineficiencias y burocracias que cada nivel del Estado (nacional, departamental y municipal) debe auditar para que sea ágil, preprogramado y tecnológicamente apto, siempre en beneficio del usuario; y para que no se convierta en un botín de guerra ni en una agencia de empleo del sistema político. Ya existen autoridades que abusan incorporando a militantes o seguidores sin capacidades técnicas, aprovechando que actualmente están exentos de normas que limitan el gasto corriente, especialmente en sueldos y salarios, lo cual ha ocasionado un incremento supernumerario de personal “administrativo” por encima del personal técnico, como médicos, personal de cirugía, enfermería, auxiliares técnicos, laboratorio y farmacia.

El SUS debería aspirar a cirugías robóticas con inteligencia artificial en los terceros niveles, además de consolidarse como un sistema preventivo, sin descuidar lo curativo y reparativo. Es fundamental evitar que el ciudadano espere horas y horas en fila para ser atendido, ya que la tecnología actual permite implementar turnos electrónicos para una atención médica moderna; dicha programación permitiría una mejor gestión y calidad de atención.

Asimismo, es necesario digitalizar las carpetas y diagnósticos médicos en todos los niveles, incluyendo los requerimientos de servicios o análisis y sus resultados en un formato digital y único (basado en el carnet de identidad de la persona), lo que permitiría contar con una base de datos confidencial pero computarizada para cada usuario, mejorando la eficiencia y la continuidad de la atención.

*Babson ’82, ex catedrático universitario

Gustavo Adolfo Aponte Zambrana | Columnista