Editorial

El único recurso de Bolivia

Bolivia se ha quedado sin gas. O, peor aún, se ha quedado sin la capacidad de convertir sus recursos en desarrollo. El país que durante años vivió del ingreso hidrocarburífero hoy no tiene reservas suficientes...

Editorial | | 2026-01-17 07:58:44

Bolivia se ha quedado sin gas. O, peor aún, se ha quedado sin la capacidad de convertir sus recursos en desarrollo. El país que durante años vivió del ingreso hidrocarburífero hoy no tiene reservas suficientes, ni inversión, ni credibilidad para recuperarlas. Pero el problema va mucho más allá del gas. Bolivia hoy no tiene instituciones sólidas, no tiene justicia independiente, no tiene seguridad jurídica y ha destruido su sistema educativo, convertido en un espacio de adoctrinamiento y mediocridad. Nuestro capital humano es cada vez menos competitivo, menos preparado y más dependiente del Estado.

Bolivia sí tiene agropecuaria, pero con el freno de mano puesto. No se permite el uso pleno de tecnología, se castiga al productor eficiente y se gobierna con prejuicios ideológicos contra la innovación. Tiene minería, pero gran parte está cooptada por bandas delincuenciales que operan al margen de la ley. Tiene parques nacionales tomados por el narcotráfico y la ilegalidad. La seguridad alimentaria se ha mantenido amenazada por políticas erráticas y bloqueos permanentes.

¿Cuál es hoy el recurso de Bolivia? No es el gas. No es la minería. No es el agro. No es el turismo. Bolivia hoy abunda en otra cosa: sindicatos, bloqueos, burocracia, corrupción, informalidad, tramitadores, impuestos, ministerios inútiles, políticos y candidatos. Abundan los politiqueros y saqueadores del Estado. Abundan las trabas. Abunda todo aquello que conspira contra el desarrollo.

No tenemos una estructura productiva sólida ni cadenas de valor, sin infraestructura ni logística adecuada, sin carreteras estratégicas, sin visión de integración. Y, al mismo tiempo, estamos rodeados de prácticas que destruyen cualquier intento de crecimiento.

En ese escenario desolador, hay un solo recurso que Bolivia todavía podría explotar: la confianza como activo estratégico. Sin confianza no hay inversión, no hay producción, no hay empleo, no hay crecimiento. El mundo no confía en Bolivia, y tiene razones de sobra. El propio presidente del BID lo dijo con crudeza: Bolivia tiene un “estado tranca” que nos convierte en un país impredecible, bloqueado, capturado por intereses corporativos.

¿Cómo generar confianza en un país que puede ser paralizado por dos o tres sindicalistas mafiosos? ¿Cómo generar confianza cuando hay jueces que venden fallos por un plato de comida? ¿Cómo generar confianza con un Estado elefantiásico, ineficiente y corrupto? ¿Cómo generar confianza cuando las leyes cambian de un día para otro y ni siquiera el propio gobierno controla a los suyos?

El reciente intento del Ejecutivo de avanzar con un decreto destinado a generar condiciones para atraer capitales fue derrotado políticamente por la presión sindical. Cada decisión de gobierno debe ser consultada a la COB, bajo amenaza de bloqueo. Ese es el mensaje que Bolivia le está dando al mundo.

Recuperar la confianza exige decisiones duras: respeto irrestricto a la ley, fin de los bloqueos como método político, justicia independiente, reglas claras y estables, reducción real de la burocracia y una apuesta seria por educación y productividad. No hay atajos.

Se habla de eliminar visas para atraer turistas e inversionistas, de “abrirse al mundo”, cuando el riesgo país sigue entre los más altos de la región y la inseguridad jurídica espanta a cualquiera con capital o talento. ¿Qué le vamos a decir a un turista o a un empresario? ¿Que es bienvenido, siempre y cuando no haya bloqueo, no cambien las reglas y no lo extorsionen?