Enfoque Internacional

Después de 40 años de frustraciones y resiliencia, el Mercosur es más relevante que nunca

Enfoque Internacional | | 2026-01-24 06:30:00

La firma del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea no debe ocultar una realidad más profunda: el Mercosur ha sobrevivido a 40 años de crisis, frustraciones y tensiones políticas. La 67ª Cumbre de Presidentes, realizada en diciembre en Foz do Iguaçu, reflejó nuevamente esas dificultades: baja asistencia, desencuentros entre Lula da Silva y Javier Milei y escasa atención mediática. El clima predominante fue, una vez más, de desencanto, sentimiento que se ha acentuado en la última década.

Desde el ámbito académico abundan las críticas al bloque, señalando incumplimientos, debilidades institucionales y promesas frustradas. El Mercosur suele ser visto como un generador de expectativas que no logra cumplir. Sin embargo, esta lectura omite una dimensión clave: su notable capacidad de resistencia.

El Mercosur lleva 34 años de funcionamiento formal y 40 si se considera el proceso iniciado con la Declaración de Iguazú de 1985. En una región donde otros mecanismos de integración —como Unasur o Prosul— se desintegraron, el bloque ha logrado mantenerse. Su origen fue bilateral, entre Argentina y Brasil, pero rápidamente incorporó a Uruguay y Paraguay, que vieron en la iniciativa una oportunidad estratégica dada su dependencia comercial de los socios mayores.

Esa incorporación de países menores marcó una característica central del Mercosur: la coexistencia de dos dinámicas internas. Por un lado, la relación bipolar entre Brasil y Argentina; por otro, la estructura cuadrangular de los cuatro Estados miembros. La estabilidad —o conflicto— entre Buenos Aires y Brasilia ha sido siempre el factor decisivo en la vida del bloque.

La historia del Mercosur está atravesada por frustraciones, pero también por superación. La integración productiva anunciada en Iguazú nunca se concretó. El Tratado de Asunción terminó privilegiando el comercio y esa orientación se consolidó en las negociaciones de Las Leñas. Durante el Protocolo de Ouro Preto surgió incluso la idea, desde Brasil, de diluir el Mercosur en una zona de libre comercio sudamericana. No ocurrió: el bloque sobrevivió.

La crisis de 1999, tras la devaluación del real sin consulta previa, golpeó duramente al comercio intrabloque y al plan de convertibilidad argentino. Hubo represalias, tensiones y cuestionamientos al arancel externo común, pero la relación fue contenida políticamente. En 2001, durante el colapso argentino, Brasil ofreció un apoyo limitado, pero simbólicamente relevante.

En la etapa del llamado regionalismo poshegemónico, con gobiernos de centroizquierda en Brasil, Argentina y Uruguay, el Mercosur amplió su agenda política y social. Se crearon el Parlamento del Mercosur, el Instituto Social, el Instituto de Derechos Humanos y diversas reuniones especializadas. La Unasur emergió como complemento, no como sustituto. Aun así, varios proyectos quedaron inconclusos y las expectativas de arrastre del desarrollo brasileño no se cumplieron.

Con los gobiernos de Mauricio Macri y Michel Temer, el bloque retrocedió institucionalmente y volvió a un perfil predominantemente comercial. La reprimarización de las economías limitó aún más la posibilidad de avanzar hacia una integración más profunda.

Luego llegó una etapa particularmente conflictiva: la convivencia entre Alberto Fernández y Jair Bolsonaro, atravesada por la pandemia. Las amenazas al arancel externo común se multiplicaron, tanto desde Brasil como desde Uruguay, sin resultados concretos. Más tarde, el cambio presidencial llevó a un nuevo choque ideológico entre Milei y Lula, con intercambios de descalificaciones. Pese a todo, el Mercosur siguió en pie.

¿Por qué sobrevive el Mercosur? La primera razón es su función original: gestionar la relación históricamente compleja entre Brasil y Argentina. En ese sentido, el bloque ha cumplido su objetivo central, estabilizando y canalizando esa relación.

La segunda razón es su flexibilidad. El Mercosur no impone reglas rígidas que inmovilicen a los Estados. Funciona como un marco adaptable, capaz de ajustarse a distintos ciclos políticos sin romperse. Esa elasticidad ha sido clave para su resiliencia.

Finalmente, el bloque cuenta con el respaldo de actores económicos influyentes en los cuatro países. Cada vez que el Mercosur ha sido amenazado, sectores empresariales han salido en su defensa, conscientes de los costos de su desarticulación.

Hoy, los desacuerdos políticos generan dudas sobre la continuidad de esas fortalezas. Sin embargo, la firma del acuerdo con la Unión Europea, tras 26 años de negociaciones, reaviva la expectativa de que el Mercosur siga siendo, pese a todo, un actor relevante en la región.

Miriam Gomes Saraiva - Latinoamérica21