El continente americano entero, y el mundo entero, está siendo sacudido por una vuelta pendular hacia la derecha. Las nuevas iniciativas presididas por Estados Unidos y el hartazgo que se siente frente a la imposición de la ideología wokehan hecho que haya aceptación de todo lo que está pasando, por más que haya medios de izquierda que quieran pintar otra realidad.
A Venezuela, por su reciente sacudida y por los anuncios que se están haciendo, le viene una importante reestructuración para recuperar su economía. Aun así, hay que rescatar aquello de “ten cuidado con lo que deseas, que puedes llegar a obtenerlo” y acompañar este proceso que está teniendo con mucha, pero mucha oración.
La cultura norteamericana actual está signada por el trabajo; tan es así que algunas personas que conozco, que habían migrado a Estados Unidos, volvieron al país, a pesar de su crisis, por no poder aguantar un ritmo de trabajo de domingo a domingo, en el cual poco o nada de tiempo les quedaba para la coexistencia e interacción familiar.
El cristianismo se fortalece a medida que se fortalece la familia. Si bien el presidente de Estados Unidos actual es provida, profamilia, y lo ha demostrado, también lidia con la nociva influencia que la agenda antivida ha tenido en su propio país. De hecho, ya han salido noticias alentadoras, en las cuales, por decreto, está cancelando agendas ideológicas en su sistema educativo y permitiendo que el cristianismo permee más en las instituciones educativas de su país.
Nosotros, los latinos en general, tenemos una cultura de raíces católicas, esas mismas que Benedicto XVI pidió a Europa reconocer. Esa misma cultura ha tenido a varios papas reconociendo que no se puede ser cristiano y comunista al mismo tiempo, que ambas doctrinas no pueden coexistir. Así que nos toca, en esta nueva etapa, poner a Dios como base, ya que el capitalismo, si se deja llevar por la codicia, se convierte también en algo tiránico, aunque sea más fácil de corregir y regular que el comunismo.
Sí, el ser humano, de naturaleza pecadora, es quien hace que cualquier sistema, por muy perfecto que suene en la teoría, tenga sus imperfecciones; pero hay sistemas mejores que otros y culturas mejores que otras. La historia lo ha demostrado, y definitivamente toda cultura es mejor cuando incluye a Dios, cuando deja que el cristianismo sea el que la perfeccione. La izquierda siempre ha querido sacar a Dios y, en el mismo momento en el que lo hace, es cuando se deshumaniza y se convierte en la opresión desgraciada que suele ser. Luego, cuando cae, sus ideólogos y promotores declaran que donde se dio nunca fue comunismo.
Como cristianos, hemos de aprovechar esta vuelta al siempre perfectible capitalismo, acompañando a quien esté en el poder en cada nación (1 Timoteo 2, 1-3), para que no nos convirtamos en naciones guiadas por la codicia consumista, sino por el Dios vivo y verdadero, quien promete paz y dignidad a quienes acompañan a sus mandatarios con constante oración, al mismo tiempo que cada uno procura vivir santamente como hijo de Dios. Dios con nosotros.