
Estados Unidos formalizó la imposición de un plan de transición política, económica y de seguridad para Venezuela, al presentar oficialmente a Laura Dogu como nueva encargada de negocios en Caracas y detallar un programa de tres fases que marcará el rumbo del país tras el derrocamiento de Nicolás Maduro.
El anuncio fue realizado a través de un video difundido por la embajada estadounidense, en el que Dogu afirmó que “el trabajo ya comenzó” y dejó claro que Washington dirigirá el proceso de estabilización y reconstrucción institucional, en coordinación con actores locales previamente definidos.
La diplomática explicó que el plan consta de tres pasos secuenciales: primero, la estabilización del país y la restauración de la seguridad; segundo, la recuperación económica; y finalmente, una transición hacia un sistema democrático alineado con los intereses estratégicos de Estados Unidos y sus aliados.
Dogu, exembajadora en Honduras y Nicaragua, asumió funciones en un contexto excepcional, un mes después de la captura de Maduro y de su esposa, Cilia Flores, tras la operación militar estadounidense del 3 de enero, que dio paso a un gobierno provisional encabezado por Delcy Rodríguez.
La acción militar, denominada Operación Determinación Absoluta, dejó al menos 47 militares venezolanos y 32 agentes cubanos muertos y significó el mayor quiebre político en Venezuela en más de veinte años, consolidando la intervención directa de Washington en el escenario interno del país.
La presidencia interina de Rodríguez opera bajo supervisión estadounidense, manteniendo parte del aparato estatal chavista, pero condicionada a avanzar en la liberación de presos políticos, la apertura democrática y reformas estructurales en áreas clave como justicia y petróleo.
Según Dogu, la transición estará acompañada de medidas inmediatas ya definidas por Washington, como la reapertura del espacio aéreo y la emisión de una licencia general para actividades económicas, consideradas esenciales para reactivar el país bajo nuevas reglas.
La encargada de negocios insistió en que Estados Unidos trabajará “mano a mano” con sectores venezolanos seleccionados, aunque dejó en claro que el diseño, los tiempos y los objetivos del proceso están previamente establecidos.
La reapertura de la misión diplomática estadounidense, cerrada desde 2019, simboliza el regreso pleno de Washington a Caracas y el inicio formal de una etapa de control político y económico del proceso de transición.
Dogu señaló que el objetivo es garantizar un progreso “sostenible” y “beneficios tangibles” tanto para Venezuela como para Estados Unidos, subrayando que la relación bilateral estará guiada por resultados concretos y verificables.
Mientras tanto, sectores de la sociedad venezolana reclaman mayor rapidez en los cambios y expresan desconfianza ante un proceso percibido como tutelado desde el exterior, en medio de un país aún marcado por la inestabilidad y el desgaste institucional.
La diplomática concluyó que la presencia estadounidense “marca un nuevo capítulo” para Venezuela, dejando claro que la transición no será espontánea ni autónoma, sino conducida bajo un plan definido por Washington y evaluado en función de sus resultados políticos, económicos y estratégicos.