Clepsidra

Después del Capitalismo…

Después del Capitalismo…
Omar Jesús Gómez Graterol - Sociólogo | Sociólogo
| 2026-02-04 07:10:33

Para los autores y seguidores de los discursos de la izquierda, siempre ha sido inminente el colapso del capitalismo como lógica que rige a la mayoría de las sociedades contemporáneas y su extinción en su etapa superior. Lo es además la cuasi consecuencial sustitución de este sistema por el socialismo y posteriormente por el comunismo. Esto constituye una especie de verdad absoluta. Sus militantes no esperan otras posibilidades de organización social, económica, cultural y política, para los pueblos del mundo. Simplemente se espera la circunstancia final en la que el orden predominante vigente, implosione o cese -por sus contradicciones intrínsecas- según su enfoque teórico. Aseverar lo contrario, es casi una blasfemia o una herejía.

Sin embargo, una cosa es lo que afirman sus ideólogos, y otra es la que indica la realidad (ya que no siempre coinciden). Desde tiempo atrás, en las ciencias sociales, se sabe que lo real se resiste a ser categorizado y, por lo tanto, a dejarse predecir. Es factible señalar que pasar del deseo a la materialización del paradigma utópico hay un camino incierto por recorrer y la mera ideología no garantiza que se llegue a una fase de convivencia tal cual como la enunciaron los artífices originales de esta especulación marxista.

La historia (que los afines de Marx, Engels y Lenin invocan como una suerte de entidad divina, con vida propia y capacidad para juzgar), los ha desilusionado siempre. Por lo que tal vez, sea momento oportuno para evaluar el contenido de esta propuesta e intentar separar lo que es utopía de lo que es real. Asimismo, despojarla de ese barniz de sacralidad que se le ha otorgado.

Para los partidarios de esta revolución mundial se trata de períodos inevitables, que se pueden retrasar o acelerar, pero no detener. Por ello, buscan implementar estrategias para que su concreción se produzca con celeridad. Así que sencillamente señalan a quienes dudan de esta predestinación como carentes de conciencia o con dificultades para percibir lo que es inexorable. No obstante, este argumento en sí no alcanza a sostenerse.

Se acusa al sistema actual de provocar explotación, desigualdad, exclusión y muerte (y hay algo de verdad en ello), pero al realizarse la aplicación del marxismo los resultados distan muchísimo más que del primero. Solo que en la segunda ocasión se justifican estas situaciones como daños colaterales convenientes para acercarse a escenarios en los que la gente gozara de justicia -aunque probablemente no de paz, pues en su esencia el planteamiento es confrontativo. Correspondiendo el precio a pagarse. Observamos así, múltiples tiranos, imponiendo sus versiones para defender sus abusos.

La necesidad de contar con un adversario permanente para movilizar lo histórico solamente consigue despertar miedos y odios hacia ese otro (u otros) que hay que neutralizar o aniquilar, manteniendo un aparataje que se afianza mediante el cultivo permanente de la rabia o del temor.

El ideal de la izquierda parece tener problemas para lidiar con: la individualidad, autonomía y libertad de las personas; el ámbito privado; las opiniones y explicaciones que se apartan de sus marcos conceptuales; perspectivas diferentes del comportamiento colectivo; soluciones que discrepan con este razonamiento o que aportan visiones nuevas a los desafíos vivenciados cotidianamente; e incluso con lo científico. Aquellos eventos que no se acoplan o sintonizan con sus interpretaciones y/o filosofía, de alguna manera, son sancionados, rechazados, omitidos o ignorados.

De acuerdo a lo expuesto, si esta ideología quiere exponerse como una opción adecuada para un destino mejor para todos, la invitación a sus simpatizantes es a examinar qué la vacía y qué lo llena de humanidad. No convertirla en dogma y examinar lo que empíricamente es viable y descartar lo inviable del mismo. La historia ha demostrado que, en su nombre y donde se ha experimentado, se han cometido atrocidades tras el anhelo de promesas bastante esquivas, y se ha sostenido prometiendo un futuro indeterminado cuya promesa de materialización se ha prolongado exageradamente en el transcurso de los años para el provecho de unos pocos en detrimento de muchos.

Así como ellos hablan de la posibilidad de un colapso capitalista, también debería caberles la reflexión sobre la ruina o eclosión de su propia prédica izquierdista dando espacio a una transformación orgánica necesaria, y un resurgimiento de movimientos progresistas que procuren ofrecer alternativas innovadoras al modelo capitalista. En efecto, si para preservar su estabilidad -una vez que asumen el poder- requieren emplear recurrentemente las fuerzas represivas del Estado contra la población, algo no está funcionando correctamente y es un deber imperativo revisarlo.

Omar Jesús Gómez Graterol - Sociólogo | Sociólogo