Desde el inicio del gobierno de Rodrigo Paz se le advirtió —con argumentos y con historia— que convivir con el MAS era un error. Se le pidió desmontar ese aparato político-administrativo que, como en el caso de Jeanine Áñez, quedó intacto “por gobernabilidad”. Hoy pagamos el costo. El escándalo de la gasolina no es un simple fallo técnico: huele a boicot, a “mano negra”, a sabotaje interno de un masismo que perdió el poder formal, pero conserva los resortes clave del Estado. YPFB despide a 360 funcionarios, reconoce daños a miles de vehículos y admite que no se descarta intencionalidad. ¿De verdad alguien cree que esto es casual? Mientras tanto, los mismos actores de siempre azuzan bloqueos, alimentan el malestar y empujan a las calles a sectores golpeados. El libreto es conocido. Lo más grave es la reacción tardía del Gobierno. Paz actúa cuando el daño ya está hecho, cuando el incendio avanza. Gobernar no es convivir con el enemigo; es neutralizarlo a tiempo. Dormir con él solo garantiza despertar en crisis.