
El Super Bowl LX fue escenario de un episodio inesperado que cruzó los límites deportivos y musicales: durante el espectáculo de medio tiempo, Bad Bunny actuó como testigo en una boda real celebrada ante millones de espectadores en el Levi’s Stadium y a través de las pantallas.
La escena, poco común incluso para este tipo de eventos, expuso el mensaje central de la noche al mostrar el poder del amor frente a cualquier obstáculo.
El show comenzó con ovaciones y la energía característica del artista puertorriqueño, quien alternó sus éxitos con fragmentos de clásicos del reguetón.
La sorpresa apareció cuando, tras una interpretación breve de “Mónaco”, las cámaras mostraron a una pareja de novios sonrientes, vestidos de blanco, rodeados por cortejo nupcial y músicos.
El oficiante pronunció: “Ahora son marido y mujer”, seguido por el beso de los recién casados y la ovación del público.
Según la prensa especializada, la veracidad del evento fue confirmada por los representantes de Bad Bunny, quienes aclararon que tanto la ceremonia como el matrimonio tenían plena validez legal.
El intérprete firmó como testigo en el certificado de matrimonio, lo que otorgó legitimidad al acto.