Enfoque Internacional

La epidemia de soledad llegó a Brasil

Enfoque Internacional | | 2026-02-11 00:11:49

Durante décadas, Brasil ha sido retratado como un país alegre, festivo y socialmente integrado. Sin embargo, esa imagen empieza a resquebrajarse cuando los propios brasileños ponen en duda ese cliché. Una encuesta inédita de la consultora Market Analysis, realizada a 1.000 adultos, revela que el 35,2% se siente solo siempre o muy a menudo. A ello se suma un 6% que no logra definir cómo se siente, lo que en estudios sobre emociones negativas suele interpretarse como un indicador de malestar. En conjunto, un 41% de la población expresa una vivencia afectiva vinculada a la soledad, incompatible con la idea tradicional de un Brasil cordial y emocionalmente cohesionado.

Las ciencias sociales ya habían cuestionado el mito de la “sociedad cordial” a partir de datos sobre violencia, desigualdad y discriminación. Ahora se suma una dimensión más íntima: una fractura psicológica que transforma la soledad en un estigma identitario. No se trata simplemente del aislamiento moderno descrito por David Riesman en la “muchedumbre solitaria”, sino de una experiencia que paraliza, desmoraliza y define negativamente al sujeto.

Demografía de la soledad

La soledad es considerada hoy una nueva epidemia global, sobre todo en los países desarrollados, al punto de haber impulsado la creación de ministerios específicos en Reino Unido, Japón y España. En 2023, Gallup registró en 142 países que el 23% de los adultos se había sentido solo el día anterior. En Estados Unidos, entre 2019 y 2024, la percepción de abandono social pasó del 31% al 53%. En ese contexto, la OMS declaró la soledad como una amenaza para la salud global.

Brasil no es ajeno a esta tendencia. La soledad afecta con mayor intensidad a los sectores económicamente periféricos: casi el 47% de las personas de las clases C2/D/E se sienten solas, frente a una proporción mucho menor en la clase A. A la precariedad material se suma una fragilidad emocional que profundiza el aislamiento.

Las vulnerabilidades se superponen. Las mujeres reportan niveles de soledad 11 puntos porcentuales superiores a los hombres, en gran parte por la sobrecarga de tareas que limita su vida social. Algo similar ocurre con quienes tienen menor nivel educativo, cuya temprana concentración en la supervivencia económica reduce la posibilidad de construir redes sociales amplias.

Contrariamente a estudios previos a la pandemia, en Brasil la soledad afecta más a los jóvenes que a los adultos mayores. El 45% de quienes tienen entre 18 y 24 años se sienten solos, frente al 30% de los mayores de 65. Esta brecha del 50% anticipa un futuro preocupante de generaciones emocionalmente desconectadas.

¿Qué causa la soledad?

Los análisis sociológicos explican el contexto, pero no siempre la narrativa individual. Muchas personas interpretan su soledad como un fracaso personal o como resultado de circunstancias incontrolables. Estudios como los de AARP señalan el debilitamiento de los lazos comunitarios y del compromiso cívico como factores clave. A ello se suman el uso excesivo de tecnologías, la fragmentación familiar y un consumismo que reemplaza vínculos por objetos.

En Brasil, el 61% de los encuestados atribuye la soledad a causas sistémicas, mientras que solo el 26% la vincula a decisiones individuales. Esto refuerza la idea de que se trata de un problema estructural más que de una responsabilidad personal.

¿Qué genera la soledad?

La soledad está asociada a graves consecuencias para la salud: menor esperanza de vida, deterioro neurológico, consumo problemático de sustancias, depresión y tendencias suicidas. Algunos ven paliativos en la convivencia con animales, plantas o incluso en interacciones virtuales con inteligencia artificial, pero estas alternativas no siempre conducen a una integración social real y suelen tener costos inaccesibles para los sectores más vulnerables.

Más allá de lo individual, la soledad masiva tiene efectos sociales y políticos. Como advirtió Riesman, puede derivar en anomia, radicalización, fanatismo y desconfianza. El estudio de Market Analysis muestra que los brasileños que se sienten solos también se sienten más inseguros, confían menos en la democracia, son más pesimistas y perciben su vida digital como una carga fuera de control.

Con millones de personas viviendo una soledad involuntaria y dolorosa, Brasil se suma a uno de los fenómenos más inquietantes de nuestro tiempo: una implosión emocional colectiva basada en la tristeza y el abandono, que reemplaza la energía participativa y creativa necesaria para mejorar la sociedad y el futuro común.

Fabián Echegaray - Latinoamérica21