YPFB se ha internado en un laberinto de contradicciones del que no logra salir. Un día se anuncia la reducción del etanol; al siguiente, se ratifican los porcentajes. Se niega la firma de contratos con Trafigura, pero aparecen documentos con fechas, premios y puntos de entrega. Se habla de procesos en revisión, mientras las denuncias penales ya están en la Fiscalía. Demasiadas versiones para una sola verdad. La gasolina contaminada abrió la grieta. Luego vinieron los presuntos sobreprecios y la renuncia en la ANH. Frente a ello, el gobierno de Rodrigo Paz insiste en la tesis del sabotaje y el boicot interno. Pero esa explicación pierde fuerza cada vez que surgen papeles, cifras y testimonios que exigen claridad. No se puede gobernar desde la negación permanente ni atribuir toda crítica a conspiraciones. Si hay contratos, deben mostrarse. Si no los hay, deben probarlo. La credibilidad no se decreta: se construye con transparencia.