Dios te bendiga

Mons. Karl Stetter, Obispo Emérito

Mons. Karl Stetter, Obispo Emérito
Mons. Roberto Flock | Columnista
| 2026-03-06 07:42:48

«¡Bien hecho, servidor bueno y fiel!» (Mt 25,21)

El 9 de marzo, Mons. Karl Stetter, obispo emérito de la Diócesis de San Ignacio de Velasco, cumplirá 85 años de vida; hace pocos días, el 28 de febrero, cumplió 38 años de consagración episcopal. El 1 de julio, Deo volente, cumplirá 60 años de sacerdocio. La gran mayoría de estos años los ha vivido como misionero: primero en Guatemala y, luego, desde 1979, en la Chiquitania.

La cita bíblica anterior es parte de la Parábola de los Talentos. Jesús utilizó un ejemplo tomado de la vida económica —un talento era una cantidad inmensa de dinero— para explicar a sus discípulos que Dios es como un empresario exigente que espera que produzcamos grandes frutos con todo lo que ha puesto en nuestras manos. A quienes duplicaron el dinero de su señor les dice: «Bien hecho, servidor bueno y fiel; ya que has sido fiel en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor». Es decir, en lugar de ser un simple empleado, pasa a ser socio.

Paradójicamente, a pesar del enorme valor de ese dinero —un talento equivalía a seis mil denarios, es decir, el salario de 6.000 días de trabajo— Jesús llama a esa inmensa suma “lo poco”, porque lo que realmente importa es llegar a ser socio del proyecto del Padre celestial en la promoción del Reino de Dios.

Mons. Karl Stetter nació en Ellwangen, Alemania, el 9 de marzo de 1941. Fue ordenado presbítero para la diócesis de Rottenburg el 1 de julio de 1966. Solo tres años después partió como misionero a Guatemala, país que entonces se encontraba sumido en una guerra civil. El 16 de enero de 1970 asumió como párroco de la parroquia de Cantel, en el altiplano guatemalteco.

El día de Navidad de 1978 fue secuestrado y expulsado del país como supuesto “cura tercermundista”, acusado falsamente de colaborar con la guerrilla como espía extranjero. La dictadura militar desconfiaba de un joven misionero que manejaba una radio y pilotaba su propia avioneta.

Dios lo trajo entonces a Bolivia, más precisamente a San Ignacio de Velasco. Allí puso sus talentos al servicio de Mons. Bonifacio Madersbacher, fortaleciendo la economía del Vicariato Apostólico de Chiquitos, ampliando la infraestructura comunicacional y restaurando las iglesias misionales jesuíticas. Fue también el tiempo en que las llamadas mazamorras de Chochís y la devoción a la Virgen María impulsaron la construcción del Santuario Mariano de la Torre, obra que Mons. Carlos llevaría adelante años más tarde.

En 1988 fue consagrado obispo auxiliar y poco después nombrado coadjutor, es decir, con derecho a sucesión. Cuando el Vicariato fue elevado al rango de diócesis a fines de 1994, asumió como su primer obispo diocesano. Durante su episcopado reconstruyó la catedral de San Ignacio, impulsó la construcción de capillas y promovió numerosas obras en educación, vivienda y salud. Además, ordenó a la mayoría de los actuales sacerdotes diocesanos.

Ante los intentos de grupos inescrupulosos de apoderarse de terrenos de la diócesis, logró sanear legalmente casi el cien por ciento de sus propiedades. La excepción fue el Conjunto Misional de San José de Chiquitos, debido al conocido conflicto con un misionero franciscano que se negó a obedecer. Sin embargo, incluso este objetivo lo alcanzó ya como obispo emérito.

El 18 de abril de 2023 se produjo el allanamiento de su residencia y la posterior imputación por supuesta “legitimación de ganancias ilícitas”, una acusación que terminó siendo una calumnia más dentro de las distorsiones de nuestra justicia. El proceso fue impulsado desde el municipio de San Miguel de Velasco como represalia por la defensa que años antes hizo de las propiedades de las hermanas Terciarias de San Francisco de Hall, cuyos terrenos habían sido urbanizados por el alcalde. Las religiosas ganaron los juicios, defensa que naturalmente fue financiada por la diócesis.

El 3 de diciembre de 2024 fue ratificada a nivel departamental la resolución de sobreseimiento, al no encontrarse indicio alguno de delito, pese a la investigación llevada primero en secreto desde el 13 de agosto de 2023 y luego de forma abierta con el allanamiento, el secuestro de documentos personales y de su abogado. De igual manera fue rechazada la denuncia contra la diócesis de San Ignacio. Quienes deberían ser investigados por este delito son los que originaron la denuncia, así como el fiscal y el juez que dieron curso a una investigación claramente carente de mérito contra un obispo emérito.

Actualmente, Mons. Stetter impulsa la construcción de un gran monumento: el Cristo de la Esperanza, en el monte Turubó de San José de Chiquitos. Se aspira a que sea el más grande del mundo. Más que un atractivo turístico que traerá desarrollo a la región, tendrá características artísticas únicas que permitirán contemplar la vida y el paisaje desde el alma, el corazón y la mirada de Cristo Jesús.

Invitamos a todos a apoyar esta santa iniciativa que, como en la Parábola de los Talentos, es una inversión de quienes el Señor invita a ser socios de su proyecto en este mundo. Mons. Carlos es uno de ellos: para quien la edad, el costo y los desafíos jamás son demasiado altos, porque es un verdadero obispo emérito y servidor bueno y fiel.

Mons. Roberto Flock | Columnista
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