Política

El “grupo de la muerte” encendió el debate por la Gobernación

Cinco figuras con pasado político, rivalidades y ambiciones se enfrentaron en el bloque más esperado del debate organizado por el TSE.

El segundo bloque de candidatos a la Gobernación de Santa Cruz. Foto: ABI
Política | | 2026-03-12 07:35:17

La noche del miércoles el debate por la Gobernación de Santa Cruz tuvo su momento más esperado cuando entraron al set los cinco candidatos del llamado “grupo de la muerte”. El nombre circulaba desde antes de que comenzara la transmisión y resumía la expectativa: un bloque cargado de figuras conocidas, trayectorias largas y viejas rivalidades políticas.

Branko Marinkovic, Juan Pablo Velasco, Luis Fernando Camacho, Otto Ritter y Guido Nayar compartieron escenario en el segundo segmento del debate organizado por el Tribunal Supremo Electoral. Cada uno llegó con su propio relato político, pero también con historias cruzadas que pronto se hicieron visibles frente a las cámaras.

Marinkovic abrió el bloque con un discurso centrado en la producción, la salud y la autonomía. Prometió impulsar un hospital oncológico, modernizar la atención médica mediante digitalización y reforzar el desarrollo productivo en las provincias con infraestructura básica como agua, energía y caminos.

También defendió la idea de convertir el hub de Viru Viru en un motor de empleo y volvió a insistir en la necesidad de avanzar hacia una autonomía “real”, con mayor independencia económica respecto del nivel central.

Pero la discusión rápidamente dejó el terreno de las propuestas para moverse hacia las diferencias políticas. Juan Pablo Velasco llevó el debate al campo de la renovación generacional, planteando una agenda centrada en tecnología, educación técnica e innovación como herramientas para sacar a cientos de miles de personas de la pobreza.

Sin embargo, sus intervenciones estuvieron marcadas por choques directos con Camacho y Marinkovic. En uno de los momentos más tensos, Camacho lo interpeló sobre los avasallamientos de tierras, a lo que Velasco respondió criticando lo que llamó “show político” en los operativos contra tomas ilegales.

La discusión escaló cuando Velasco cuestionó también la candidatura de Marinkovic, recordándole su rol como senador y sugiriendo que debería cumplir ese mandato antes que buscar otro cargo. El intercambio evidenció que, en varios momentos, la confrontación personal pesó más que la explicación técnica de las propuestas.

Camacho, por su parte, construyó su intervención alrededor de su reciente historia política. Recordó los tres años que pasó en prisión tras su detención en 2022 y sostuvo que ese periodo interrumpió su gestión al frente de la Gobernación.

Cada vez que fue cuestionado por obras inconclusas o promesas incumplidas, el gobernador defendió su administración señalando que no pudo gobernar plenamente durante su encarcelamiento. Sus rivales, en cambio, insistieron en que las demandas ciudadanas en salud, caminos o agua potable siguen pendientes.

Otto Ritter optó por un estilo diferente. Inició su intervención con un tono narrativo y casi poético, describiendo las comunidades que visitó durante su campaña y el abandono que, según dijo, enfrentan muchas provincias del departamento.

Su propuesta incluyó proyectos ambiciosos como el impulso de la bioceánica, el desarrollo de Puerto Busch, el aprovechamiento de las tierras raras del cerro Manomó y la incorporación de tecnología médica mediante telemedicina e inteligencia artificial.

Guido Nayar, en cambio, insistió en llevar el debate hacia el terreno financiero. Su argumento central fue que la Gobernación atraviesa una crisis económica y que, sin resolver el problema de recursos, muchas promesas electorales resultan inviables.

Propuso elevar regalías, participar en el negocio de bonos de carbono y exigir una redistribución fiscal del 50/50 con el nivel central. Para Nayar, el verdadero debate no es quién promete más, sino quién explica con qué dinero piensa gobernar.

Al final de la noche, el llamado “grupo de la muerte” dejó una conclusión distinta a la que sugería su nombre. Más que un choque de modelos opuestos, el debate mostró coincidencias en temas como salud, autonomía, infraestructura y producción.

Pero esas coincidencias quedaron muchas veces opacadas por ironías, reproches y viejas rivalidades políticas. En el fondo, la discusión pareció menos una competencia de programas de gobierno y más una disputa por liderazgo y credibilidad frente a los votantes cruceños.