El presidente de YPFB, Yussef Akly, intenta
tranquilizar a la población asegurando que los afectados por la mala calidad de
la gasolina no llegarán al 1% del parque automotor boliviano. El argumento
revela el preocupante estándar de calidad con el que se maneja el Estado. En
Bolivia circulan alrededor de tres millones de vehículos. El 1% equivale a unos
30 mil motorizados afectados. Llamar “psicosis social” a un problema de esa
magnitud resulta, por decir lo menos, un ejercicio de simplismo. Para entender
el absurdo, basta trasladar ese mismo estándar a otras áreas. Si McDonald"s
aceptara que el 1% de sus más de 69 millones de clientes diarios muriera
envenenado por una hamburguesa, estaríamos hablando de 690.000 personas cada
día y si el 1% de los cerca de 100.000 vuelos comerciales diarios en el mundo
se estrellara, significaría 1.000 accidentes cada jornada. La calidad no se
mide minimizando el problema, sino evitando que exista. Convertir a 30 mil
afectados en una estadística menor no es gestión técnica: es resignación
disfrazada de argumento. Porque cuando se habla de calidad, incluso el 1% es
demasiado.