En 1932, el británico Aldous Huxley,
autor del libro “Un mundo feliz”, advirtió sobre lo que está ocurriendo en la
actualidad, no sólo el rechazo a la familia, planteamiento que ya lo hacían
Sócrates y Platón (que la veían como un obstáculo para el Estado perfecto),
sino a la "obscenidad de ser madre". Pero lo que parece como una idea
de libertad, no es más que una entrega total al viejo ideal perturbador y
totalitario de los tiranos, que necesitan que estemos solos para controlarnos
mejor. Al borrar el respeto por la madre y romper los lazos familiares, el
poder logra que no tengamos a nadie a quien serle fiel más que al Estado, el
único habilitado para darnos afecto. Sin una familia que nos cuide o nos enseñe
valores propios, el Estado se convierte también en nuestro único dueño. Esta
supuesta "independencia" de no tener hijos ni compromisos nos deja,
en realidad, más débiles y aislados. Al final, un ciudadano sin raíces es mucho
más fácil de manipular, porque no tiene un pasado que recordar ni un futuro familiar
por el cual luchar, quedando a merced de lo que el gobierno o el mercado
decidan por él.