
La petición del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para conformar una coalición internacional que garantice la navegación en el estrecho de Ormuz ha recibido una respuesta mayoritariamente negativa o cautelosa por parte de la comunidad internacional, en medio de una creciente crisis energética global.
El cierre de facto de esta ruta estratégica por parte de Irán, tras la escalada militar con Estados Unidos e Israel, amenaza el tránsito de cerca del 20% del petróleo mundial, generando preocupación por el impacto en los mercados energéticos.
Desde Washington, la Casa Blanca impulsó contactos con países aliados y dependientes del crudo del Golfo Pérsico, buscando respaldo para una misión naval que garantice la libertad de navegación en la zona.
El embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, defendió la iniciativa y pidió una respuesta global, al advertir que Irán no puede “tomar como rehenes” las economías del mundo.
Sin embargo, el primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, descartó involucrarse en una guerra más amplia, aunque dejó abierta la posibilidad de un plan colectivo no militar para reabrir el estrecho.
Una postura más dura adoptó Alemania. Su ministro de Defensa, Boris Pistorius, rechazó enviar fuerzas y afirmó que el conflicto “no es su guerra”, alertando sobre el riesgo de una escalada militar.
En la misma línea, Grecia anunció que no participará en operaciones en Ormuz y limitará su acción a misiones europeas en el mar Rojo, evitando involucrarse directamente en el conflicto.
El Gobierno de España también rechazó la solicitud estadounidense. La ministra de Defensa, Margarita Robles, insistió en que la prioridad debe ser el fin inmediato de la guerra, mientras la diplomacia española advirtió sobre los riesgos de intensificar la tensión.
Por su parte, Italia descartó ampliar sus misiones navales al Golfo Pérsico, aunque se mostró dispuesta a reforzar operaciones defensivas en otras zonas como el mar Rojo.
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, evitó comprometer un despliegue inmediato y priorizó contactos diplomáticos con Teherán para restablecer la navegación y evitar una escalada regional.
A nivel regional, la Unión Europea optó por una estrategia cautelosa centrada en soluciones diplomáticas, evidenciando divisiones internas sobre una eventual respuesta militar.
Fuera de Europa, países como Australia y Japón rechazaron o postergaron cualquier decisión sobre el envío de buques, mientras Corea del Sur mantiene el tema en evaluación y sujeto a aprobación legislativa.
En tanto, China llamó a la desescalada y a la negociación, mientras Irán reafirmó su postura de resistencia y aseguró que el estrecho permanece abierto “solo para sus aliados”, elevando la tensión en uno de los puntos más sensibles del comercio energético global.