
Cada 19 de marzo, en el país, muchos padres son homenajeados con regalos, almuerzos y mensajes de cariño; sin embargo, detrás de esta fecha hay una historia poco conocida que combina iniciativa personal, tradición religiosa y una apuesta que, en sus inicios, pocos creyeron posible.
El Día del Padre en Bolivia no nació como una disposición inmediata del Estado ni como una costumbre heredada sin cuestionamientos. Su origen se remonta a 1958, cuando el empresario boliviano Víctor Handal Salame decidió impulsar la creación de una fecha dedicada exclusivamente a los padres.

Años después, en una entrevista concedida a un medio de comunicación paceño en 1997, Handal Salame —quien entonces ocupaba el cargo de Cónsul General del Reino de Jordania y era gerente general de VHS Constructora Lida— recordó el momento en que surgió la idea.
“Muchos sectores de la población sugerían crear un día especial para los papás. Tenemos un día para la madre, para la mujer, para la secretaria (…), pero por qué no dedicar un día a otro ser tan querido”, señaló.
Lo que comenzó como una inquietud pronto se transformó en una campaña concreta. Handal recorrió tiendas, habló con comerciantes y colocó letreros para promover la celebración. En un inicio, la propuesta apuntaba al 24 de junio, siguiendo la referencia de otros países de la región.
La historia dio un giro decisivo cuando la Asociación de Damas Católicas intervino con una sugerencia que cambiaría el rumbo de la iniciativa. Propusieron trasladar la celebración al 19 de marzo, fecha de San José, figura central de la tradición cristiana y considerado un modelo de padre.
“Ellas me dijeron que no podía ser que un país tan católico celebre el Día del Padre en una fecha cualquiera o importada”, recordó Handal en aquella entrevista.
El primer 19 de marzo pasó casi desapercibido. Apenas familiares y algunos amigos se sumaron al festejo. Los comerciantes dudaban, las promociones no convencían y la idea parecía destinada a quedar en el intento. Pero la persistencia marcó la diferencia.
Con el paso de los años, la fecha comenzó a ganar espacio en la sociedad boliviana. El reconocimiento oficial llegó en 1974, cuando un decreto supremo, durante el gobierno de Hugo Banzer Suárez, institucionalizó el 19 de marzo como el Día del Padre en todo el país.
La elección de la fecha no es casual. San José, carpintero y padre de Jesús en la tradición cristiana, representa valores profundamente arraigados en la cultura boliviana: el trabajo constante, la responsabilidad familiar, el respeto y el amor silencioso.
Su figura simboliza al padre que enseña con el ejemplo, que construye desde lo cotidiano y que sostiene a su familia con esfuerzo. De ahí que la jornada también coincida con el Día del Carpintero, en homenaje a ese oficio ligado históricamente a su imagen.
Hoy, décadas después de aquella iniciativa casi solitaria, la celebración se ha consolidado. Aunque el componente comercial ha crecido con el tiempo, el sentido de la fecha mantiene su esencia.
El propio Handal lo expresó con claridad en 1997: “el valor del Día del Padre no se mide en regalos, sino en el afecto. Es el abrazo, la palabra oportuna y la presencia lo que realmente define la jornada”.
Es por eso que cada 19 de marzo, Bolivia no solo celebra a los padres. También recuerda una historia de convicción y esfuerzo que logró instalar una tradición que hoy forma parte de la vida de millones de familias.