
La depuración en las Fuerzas Armadas de Venezuela se intensifica bajo el gobierno interino de Delcy Rodríguez, quien en menos de tres meses ha reemplazado a la cúpula militar en un proceso orientado a consolidar el control político y garantizar la transición tras la caída del chavismo.
Rodríguez asumió el poder luego de la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, en una operación militar liderada por Estados Unidos que incluyó bombardeos en Caracas y no encontró resistencia por parte de la Fuerza Armada, históricamente uno de los pilares del régimen.
Desde entonces, el Ejecutivo ha ejecutado una reestructuración profunda del alto mando militar, en medio de temores de inestabilidad interna y posibles intentos de golpe de Estado.
Entre las primeras decisiones, Rodríguez destituyó a Vladimir Padrino López, quien permaneció casi 12 años en el cargo, y designó como nuevo ministro de Defensa a Gustavo González López.
El proceso de depuración no se limitó a ese relevo. También fueron sustituidos el jefe del Comando Estratégico Operacional —considerado el número dos de la Fuerza Armada—, así como los comandantes generales de todos los componentes militares y responsables regionales.
Analistas y fuentes militares coinciden en que estos cambios cuentan con el aval de Donald Trump, quien ha asegurado que su administración está directamente involucrada en la reorganización del aparato estatal venezolano.
Según expertos, la nueva estructura apunta a revertir la doctrina militar instaurada durante el gobierno de Hugo Chávez, que priorizó alianzas con Rusia y Cuba, para retomar vínculos estratégicos con Washington.
En este contexto, la figura de González López cobra relevancia como operador clave dentro de la nueva cúpula militar, pese a cuestionamientos por su pasado al frente de organismos de inteligencia señalados por violaciones a los derechos humanos.
Organizaciones como Provea han criticado su nombramiento, calificándolo como un “reciclaje de impunidad”, debido a denuncias acumuladas durante su gestión en cuerpos de seguridad.
Mientras tanto, el proceso de depuración continúa avanzando con el objetivo de asegurar una transición política bajo supervisión internacional, en un escenario donde incluso se evalúa la posible instalación de una base militar temporal de Estados Unidos en territorio venezolano.