“Cría cuervos…” dice el refrán, aunque en el caso de Luis Arce y sus hijos se trata de las crías de un gran cuervo que se dedicó a robarle al Estado y que usó a su familia para saquear a manos llenas. El ex mandatario moldeó un entorno donde la lealtad familiar y la captura institucional parecían confundirse. Marcelo Arce Mosqueira, no es una anomalía, sino la consecuencia lógica de ese modelo. Antes de ser llevado a la cárcel el primogénito del que fue llamado “el cajero”, envió un mensaje a su progenitor en el que valora su ejemplo. ¿Ejemplo de qué? De un sistema donde el Estado se vuelve botín y la ética, un estorbo. Las acusaciones sobre estructuras de negocios irregulares, direccionamiento de contratos y uso de empresas intermediarias no surgen en el vacío. Responden a una forma de entender el poder como propiedad privada, impulsada durante años por el MAS. Lo verdaderamente grave no es el escándalo, sino la normalización: una familia que no administra, sino que saquea. Y un país que paga la factura.