Tribuna

Ni Estado ni mercado, el verdadero problema económico de Bolivia

Ni Estado ni mercado, el verdadero problema económico de Bolivia
Oscar Antezana Malpartida | Columnista
| 2026-03-24 07:27:32

El debate económico que importa no es ideológico; es estratégico.

Ahora que ya se realizaron las elecciones subnacionales, se espera que el presidente de a conocer varias reformas, tal cual anunció semanas atrás. Sin embargo, detrás de estos anuncios surge una pregunta más profunda —y mucho más importante— que rara vez se formula de manera explícita: ¿hacia qué tipo de economía se quiere dirigir el país? Porque recibir financiamiento, ejecutar proyectos o lanzar reformas no constituye, por sí solo, una estrategia económica.

El Documento de Estrategia de País, que preparó la CAF para facilitar limitados recursos al país, da una idea, pero no es una estrategia; tampoco debería serlo, porque esa labor le corresponde al Gobierno boliviano. Nuevamente se evidencia que el Estado no tiene, ni nunca tuvo, un plan de desarrollo real.

Bolivia puede avanzar en múltiples frentes —infraestructura, incentivos a la inversión, promoción de exportaciones—, pero si estas acciones no responden a una visión clara de transformación productiva, el resultado puede ser una economía más activa, pero no necesariamente más desarrollada. En otras palabras: se puede avanzar sin cambiar.

El debate equivocado

En América Latina ha resurgido desde hace más de un año un debate conocido. Por un lado, figuras como Javier Milei proponen reducir al mínimo la intervención estatal (mientras todavía quedan trasnochados que siguen proponiendo pensamientos socialistas). ¿Acaso las opciones están solamente en el extremo liberal o en el estatismo?

A primera vista, parecería que Bolivia debería elegir entre uno de estos dos caminos. Pero esa es, precisamente, la trampa. El problema de Bolivia es más profundo; no es que haya elegido mal entre Estado o mercado, es que no ha definido con claridad qué tipo de economía quiere construir. Experiencias en otros países, como China, han demostrado la capacidad de transformar su estructura productiva mediante una coordinación activa entre el Estado y el sector privado (con esto no avalo su sistema político). Simplemente pasar a la "industrialización" no dice mucho si no hay un norte claro.

Más allá de la ideología

Desde la perspectiva libertaria, los mercados son más eficientes que los gobiernos en la asignación de recursos. La evidencia, en muchos casos, respalda esta afirmación, especialmente en contextos donde el Estado es débil o propenso a la ineficiencia. Sin embargo, también es cierto que los procesos de transformación productiva —aquellos que permiten a un país diversificar su economía, escalar en valor agregado y competir internacionalmente— rara vez ocurren de manera espontánea.

Sectores como la industria, la tecnología, el turismo o la agroindustria requieren coordinación, inversión sostenida y reducción de incertidumbre. En muchos casos, esto implica algún grado de articulación pública. Pero incluso aquí hay un matiz fundamental: coordinar no es lo mismo que controlar. Las economías más exitosas no son completamente estatales ni completamente desreguladas. Son sistemas híbridos donde el mercado genera dinamismo, pero existe una dirección estratégica que orienta ese dinamismo hacia objetivos concretos. ¡Hasta EE. UU. lo hace!

El problema de fondo: ausencia de estrategia

Volviendo al caso boliviano, el desafío no radica en si el Estado debe intervenir más o menos, ni en si se deben atraer más inversiones o ejecutar más proyectos. El desafío central es otro: cómo articular todas esas acciones dentro de una visión coherente de largo plazo.

Sin esa visión, las reformas pueden ser bienintencionadas, pero dispersas. La inversión puede llegar, pero sin transformar la estructura productiva. Los proyectos pueden ejecutarse, pero sin generar nuevas capacidades económicas. Es decir, se puede avanzar… sin realmente cambiar.

¿Preguntas incómodas? Si Bolivia quiere atraer inversión: ¿inversión en qué? Si quiere promover exportaciones: ¿de qué sectores? Si quiere impulsar el turismo: ¿con qué posicionamiento internacional? Sin respuestas claras, el riesgo es que las políticas económicas respondan más a oportunidades coyunturales que a una estrategia deliberada. Ese es un patrón que el país ya conoce demasiado bien.

Lo que realmente está en juego

Bolivia posee recursos naturales, biodiversidad excepcional y una base productiva con potencial en múltiples sectores. Pero estos activos, por sí solos, no garantizan el desarrollo. Lo que determina el rumbo de una economía no es la cantidad de recursos que posee, sino la claridad con la que decide utilizarlos.

Antes de discutir si el modelo debe ser "más de mercado" o "más de Estado", Bolivia necesita responder una pregunta fundamental: ¿Qué tipo de economía quiere construir en las próximas décadas? Sin esa respuesta, cualquier conjunto de reformas —por ambicioso que sea— corre el riesgo de convertirse en una suma de esfuerzos valiosos, pero desconectados.

En el próximo artículo abordaremos un patrón que Bolivia ha repetido durante décadas: la búsqueda de "recursos milagro" como sustituto de una estrategia económica de largo plazo.

Oscar Antezana Malpartida | Columnista
Más información