
Lo que comenzó como una amenaza legal contra la integridad creativa de una de las mayores estrellas de la música global, ha dado un giro de 180 grados. Benito Antonio Martínez Ocasio, conocido mundialmente como Bad Bunny, ha pasado de estar en el banquillo de los acusados a tomar la ofensiva judicial. Tras la desestimación definitiva de una demanda por presunto plagio relacionada con su éxito “Enséñame a bailar”, el artista puertorriqueño ahora exige que la empresa demandante pague una suma que asciende a cientos de miles de dólares por gastos legales.
El origen del conflicto
La controversia se remonta a la acusación
interpuesta por el músico nigeriano Ezeani Chidera Godfrey, artísticamente
conocido como Dera, y el sello discográfico emPawa Africa. Según la denuncia
original, el "Conejo Malo" habría utilizado sin autorización un
sampler (una muestra de sonido) del tema “Empty My Pocket”, lanzado por Dera en
2019, para incorporarlo en su canción “Enséñame a bailar”, perteneciente al
galardonado álbum Un Verano Sin Ti (2022).
Durante meses, el proceso legal puso bajo
la lupa los métodos de producción del equipo de Bad Bunny. Sin embargo, desde
el inicio de la disputa, la defensa del boricua sostuvo que todos los derechos
de la música utilizada habían sido adquiridos legalmente y que no existía
prueba alguna de infracción de propiedad intelectual.
El colapso de la demanda
El caso comenzó a desmoronarse a principios
de marzo de 2026. Según documentos judiciales presentados ante un tribunal
federal de Estados Unidos, los abogados que representaban a la parte demandante
abandonaron el caso citando "diferencias irreconciliables" con sus
clientes. Este vacío legal dejó la acusación a la deriva, lo que impidió que se
presentaran las pruebas necesarias dentro de los plazos establecidos por la
corte.
Ante la inactividad procesal y la falta de
seguimiento por parte de emPawa Africa y Dera, el juez federal Otis Wright
decidió archivar el caso de forma definitiva. En su fallo, el magistrado
concluyó que los demandantes habían abandonado la acción judicial y que
prolongar el proceso solo perjudicaría a los acusados, contraviniendo el
interés público.
El contraataque: 465 mil dólares sobre la
mesa
Lejos de conformarse con el archivo del
caso, Bad Bunny y su equipo legal han decidido que la "victoria
silenciosa" no es suficiente. El artista ha presentado una moción formal
solicitando que se ordene a emPawa Africa el pago de 465,000 dólares. Esta
cifra corresponde a los honorarios de abogados y costos procesales en los que
el cantante tuvo que incurrir para defenderse de lo que su equipo califica como
una demanda "frívola".
La defensa de Benito argumenta que emPawa
Africa utilizó tácticas dilatorias y presentó objeciones sin fundamento con el
único fin de presionar al artista y generar una narrativa negativa sobre su
ética profesional. "Mi cliente adquirió los derechos legítimamente y nunca
se presentaron pruebas de lo contrario", declaró Karen L. Stetson, abogada
del cantante.
Un mensaje para la industria
Este movimiento de Bad Bunny es
interpretado por expertos de la industria musical como una advertencia clara
contra las llamadas "demandas oportunistas". Al exigir que los
demandantes cubran los gastos de defensa tras una acusación fallida, el
puertorriqueño busca sentar un precedente para proteger a los creadores de
litigios que, según su equipo, solo buscan beneficios económicos rápidos a
costa de la reputación de grandes estrellas.
El reclamo económico está dirigido
específicamente contra el sello emPawa Africa, exonerando al productor Dera de
esta responsabilidad financiera directa, al considerar que la estrategia legal
fue orquestada principalmente por la compañía editora.
Mientras tanto, Bad Bunny continúa consolidando su dominio en la escena musical, celebrando no solo este triunfo en los tribunales, sino también el éxito continuo de su discografía, que sigue rompiendo récords de reproducción a nivel mundial. Ahora, la pelota está en la cancha del tribunal, que deberá decidir si otorga la millonaria compensación al astro del género urbano.