Toda esta profunda fragmentación y desestructuración político-partidaria ha provocado un cambio de clima marcado por nuevos jugadores municipales —334 nuevos alcaldes y apenas un par de autoridades reelectas— que ahora, seguramente, demandarán al gobierno central una mega reunión para trabajar la agenda del 50-50, propuesta por Rodrigo Paz durante las elecciones presidenciales como su gran bandera de promesa electoral.
Ha llegado la hora de cobrar. Y más allá de que el país, nuevamente, enfrente otra segunda vuelta electoral este próximo 19 de abril, esta vez para volver a elegir gobernadores (hasta el cierre de esta columna eran siete, con la posibilidad de que sean seis los que pasen a segunda vuelta) en La Paz, Cochabamba, Tarija, Chuquisaca, Oruro, Beni y Santa Cruz.
Mientras se rearma esta segunda y jadeante vuelta electoral, los nuevos ediles —seguramente— presionarán al Ejecutivo para la instalación de una enorme mesa política con los 334 ediles, con el firme propósito de trazar una agenda económica realista que les permita acceder, lo más pronto posible, a recursos frescos que tanto necesitan, a causa de la precariedad en la que se encuentra casi la totalidad de los municipios.
Esperar al 19 de abril parece no ser un buen negocio para muchos de los nuevos alcaldes. La crisis es tan aguda que muchas de estas instituciones deberán ejecutar medidas de alto impacto financiero con carácter de urgencia: encarar duras políticas de despidos masivos de funcionarios municipales que permitan reducir gastos administrativos, con miras a cubrir, en la medida de lo posible, servicios esenciales como la salud, la educación y la recolección de basura.
Los municipios en Bolivia se encuentran en un vórtice de profunda crisis estructural, signada por una asfixia financiera derivada de la caída en los ingresos del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH) y de la coparticipación, lo que pone en riesgo el pago de servicios básicos. A esto se suman la inestabilidad política, los procesos judiciales contra autoridades, la alta deuda pública, las deficiencias en la gestión institucional en diversas capitales y altísimos niveles de corrupción, factores que hacen que sus gestiones corran el riesgo de colapsar, incluso mucho antes de que ejerzan de manera formal sus cargos ediles.
Todos advierten a sus antecesores durísimas auditorías para saber dónde están los grifos abiertos, el sangrado, las grietas institucionales y la corruptela. Aplacar semejante sangría es el objetivo estratégico de los 334 alcaldes junto a sus respectivos concejales, por lo menos de los juiciosos. De no hacerlo, su camino municipal podría verse interrumpido por una crisis social sin parangón en el país. Estoy seguro de que una enorme mayoría de los electores bolivianos —en especial, los jóvenes— quieren un cambio radical y casi con resultados inmediatos. Por eso, la segunda vuelta para la elección de gobernadores es ahora otro factor de abatimiento para el elector, que demanda soluciones en sus barrios y comunas lo más pronto posible y dejar de ir, otra vez, a las urnas.
Abril está muy lejos, aunque aparezca en el calendario con unas cuantas semanas. El reloj psicológico está estresado in extremis y las campañas de segunda vuelta serán un escenario de hastío social. Los candidatos tendrán que hacer malabares para no atosigar a los electores.
Los bolivianos buscamos certidumbre, sostenibilidad, bienestar social, calma, apaciguamiento, funcionarios eficientes y probos, pero, sobre todo, demandamos soluciones concretas y tangibles lo más pronto posible. Los discursos y las ofertas se acabaron. Es tiempo de cobrar, ya no de promesas.
La Federación de Asociaciones Municipales de Bolivia (FAM) reportó que cerca del 20% de los municipios rurales del país corren el riesgo inmediato de paralizar sus actividades en los próximos meses, debido a la reducción de ingresos en el Plan Operativo Anual (POA) 2026 y hasta en un 35% por concepto de regalías. Ya no estamos hablando de un par de años cargados de malas noticias, sino de la supervivencia o el cierre de cientos de municipios en los próximos meses. ¡Gravísimo!