
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la prórroga de su ultimátum a Irán hasta el 6 de abril y aseguró que no se atacarán instalaciones energéticas iraníes durante los próximos diez días, en respuesta a una solicitud formal de Teherán.
La decisión fue comunicada a través de la red Truth Social, donde el mandatario sostuvo que “las conversaciones continúan y van muy bien”, pese a lo que calificó como “declaraciones erróneas” de medios de comunicación.
Inicialmente, Trump había dado a Irán un plazo de 48 horas para reabrir el estratégico estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial, bajo amenaza de destruir infraestructura energética clave.
Sin embargo, el gobierno estadounidense ha ampliado progresivamente ese margen, argumentando avances en las negociaciones iniciadas a comienzos de la semana. El nuevo plazo vence el lunes 6 de abril a las 20:00 hora de Washington.
La Casa Blanca informó que Irán permitió el tránsito de diez petroleros estadounidenses por el estrecho de Ormuz, lo que fue interpretado por Trump como un gesto de buena voluntad y una señal de disposición al diálogo.
El equipo negociador de Washington está integrado por el vicepresidente JD Vance, el enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner, quienes evalúan la evolución de las conversaciones.
Durante una reunión de gabinete, Witkoff reportó “fuertes señales” de apertura por parte de Teherán y confirmó la entrega de una propuesta de 15 puntos, canalizada mediante la mediación de Pakistán.
El ministro de Exteriores paquistaní, Ishaq Dar, ratificó la existencia de contactos indirectos, mientras Irán respondió exigiendo garantías de no repetición y la inclusión de otros frentes regionales como Líbano e Irak.
Por su parte, el canciller iraní, Abás Araqchí, cuestionó la postura estadounidense, señalando contradicciones entre las amenazas militares y los llamados al diálogo.
Desde el 28 de febrero, Irán ha sido blanco de bombardeos casi diarios por parte de Estados Unidos e Israel, con un saldo de más de 1.500 muertos, incluyendo altos funcionarios como el líder supremo Alí Khamenei.
En paralelo, el Pentágono mantiene activa la planificación de un posible “golpe final”, que incluso podría implicar el despliegue de fuerzas terrestres, según reportes de medios estadounidenses.
La violencia se ha extendido en la región del Golfo, con ataques con misiles y drones, mientras la incertidumbre sobre el curso de las negociaciones ha generado nuevas fluctuaciones en los precios internacionales del petróleo.