Las acciones para ajustar la cantidad de dinero en la economía se realizan mediante varias herramientas: 1) emisión monetaria, medida a través de agregados como M1, M2, M3 y M4; 2) operaciones de mercado abierto (OMA); 3) quantitative easing o expansión cuantitativa (EC); 4) encaje legal, modificando las tasas requeridas; 5) tasas de interés que el BCB paga al sistema financiero, incluyendo mecanismos como el Servicio Restringido de Depósitos (SRD) y el Servicio Extendido de Depósitos (SED); y 6) otras herramientas complementarias.
El equilibrio es clave: demasiado dinero frente a pocos bienes genera inflación; muy poco dinero produce deflación, lo cual tampoco es deseable si los costos internos son elevados. En Bolivia, una vez que el dólar se restablezca como medio de pago alternativo, deberá considerarse dentro de la masa monetaria ampliada (M’1, M’2, M’3, M’4) para medir correctamente el dinero disponible en la economía.
La cantidad de bolivianos en circulación es controlada por el BCB, que adjudica la acuñación de monedas y la impresión de billetes a empresas especializadas. Una vez en el país, estos son verificados y habilitados para su circulación. En casos extraordinarios, como accidentes en el transporte de valores, el BCB debe retirar los billetes afectados y reimprimirlos, evitando así distorsiones en la masa monetaria.
Herramienta 1: Emisión monetaria.
Incluye monedas y billetes en circulación, así como el efectivo en el sistema financiero. En enero de 2006, la emisión era de Bs 5.649 millones; para enero de 2026 alcanzó Bs 102.421 millones, un incremento de 18,2 veces. Desde mayo de 2023 se observa un crecimiento desproporcionado, impulsado más por el déficit fiscal que por necesidades productivas.
Emitir dinero sin respaldo en mayor producción genera inflación, como ocurrió en 1985. Sin embargo, una emisión responsable puede dinamizar la economía si el aparato productivo acompaña con mayor oferta, evitando presiones sobre el IPC. Esto también puede contribuir a una leve depreciación cambiaria favorable a las exportaciones, lo que evidencia la interdependencia de factores económicos.
Al sumar depósitos en cuentas corrientes, cajas de ahorro y plazos fijos —en moneda nacional y extranjera— se obtiene la masa monetaria ampliada. A enero de 2026, el M’4 alcanzaba Bs 332.937 mil millones, aproximadamente tres veces la emisión. No obstante, los depósitos en moneda extranjera eran apenas Bs 17.414 millones (7,2% del total), reflejando la baja presencia de dólares en el sistema.
Si se resolviera la restricción en el acceso a divisas y mejorara la seguridad jurídica, podrían ingresar más dólares sin necesidad de aumentar la emisión en bolivianos. Esto ampliaría la liquidez y dinamizaría la economía. En síntesis, ni la emisión adicional ni el ingreso de divisas son negativos por sí mismos, siempre que respondan a necesidades macroeconómicas. Más aún considerando que la velocidad del dinero cayó de 2,6 en 2006 a 1,1 en 2025.
Herramienta 2: Operaciones de Mercado Abierto (OMA).
Consisten en la compra o venta de títulos valores (letras del Tesoro, bonos y certificados de depósito) por parte del BCB. Cuando compra estos instrumentos, inyecta liquidez; cuando los vende, retira dinero de circulación. Estas operaciones tienen un costo financiero, ya que implican el pago de intereses.
El objetivo es regular la liquidez y mantener las tasas de interés dentro de rangos compatibles con la política monetaria. Si el BCB detecta exceso de dinero y riesgo inflacionario, vende títulos para absorber liquidez. Si la economía se desacelera, recompra estos instrumentos e inyecta efectivo.
Estas operaciones suelen realizarse mediante subastas públicas o en el mercado secundario. Por ejemplo, en enero de 2026, las letras del Tesoro pagaban alrededor de 9,29% anual en bolivianos, una tasa elevada pero aún inferior a la inflación.
Las OMA influyen directamente en el costo del crédito. Tasas altas desincentivan el consumo y la inversión, reduciendo la actividad económica; tasas bajas estimulan el gasto, pero pueden generar presiones inflacionarias. Por ello, son un instrumento central de regulación económica.
En el marco de una política monetaria expansiva orientada a la oferta (PEO), las OMA deberían enfocarse en promover la producción y aumentar la disponibilidad de bienes, manteniendo la inflación en niveles moderados (3-4% anual). Esto favorecería el crecimiento del PIB y la generación de empleo formal en un mercado donde predomina la informalidad.
Implementar este enfoque implica rediseñar la política monetaria tradicional, que suele ser contractiva para controlar la inflación. La propuesta plantea un camino alternativo: una expansión responsable, coordinada con el sector productivo, que permita crecimiento sin desbordes inflacionarios.
*Babson ’82, ex catedrático universitario