Dios te bendiga

La guerra contra Irán

La guerra contra Irán
Mons. Roberto Flock | Columnista
| 2026-03-27 08:42:59

Vi aparecer otro caballo, rojo como el fuego. Su jinete recibió el poder de desterrar la paz de la tierra, para que los hombres se mataran entre sí; y se le dio una gran espada (Apocalipsis 6,4).

Es quizá fácil justificar la guerra contra Irán si no tienes que pagar el costo con tu dinero y con tu sangre, y si no eres del pueblo iraní que, al final de cuentas, no será liberado, como tampoco lo fue el pueblo venezolano tras la caída de su dictador. ¿Acaso los casi ocho millones de refugiados venezolanos están volviendo a su país?

Lo que tenemos que examinar son, primero, los objetivos y, después, los medios. Un principio fundamental es que los fines no justifican los medios. Con relación a la guerra contra Irán, cada vez que el presidente de los EE. UU. lo explica, ofrece una justificación diferente:

● Defender a los norteamericanos de supuestas amenazas inminentes iraníes.

● Evitar la proliferación nuclear, algo que supuestamente ya se logró en junio de 2025.

● Destruir su industria de misiles de largo alcance, capaces de llegar a los EE. UU. y Europa.

● Cambiar el régimen y liberar al pueblo.

● Acabar con la agresión iraní de 47 años desde la revolución de 1979, que apoya a grupos terroristas como Hezbollah, Hamas y los houthis.

Algunos no son del todo creíbles. Otros no se pueden lograr con bombardeos. El terrorismo islámico es como la Hidra de Lerna de la mitología griega: cada vez que se cortaba una de sus múltiples cabezas de serpiente, aparecían otras dos en su lugar. Esta guerra motivará el odio de nuevas generaciones contra Israel, los EE. UU. y Occidente en general. En vez de cumplir los objetivos señalados, multiplicará el terrorismo y las amenazas. La violencia engendra violencia. Es la lógica del ojo por ojo. Solo que la parte ofendida jamás estará satisfecha con ojo por ojo; quiere diez por uno o cien por uno. Así es la lógica de la guerra.

Si está justificada la guerra contra Irán, ¿por qué no contra Corea del Norte, que ya tiene armas nucleares y constantemente amenaza con usarlas? ¿No será que la lección de esta guerra es que no les habrían atacado si pudieran defenderse con armas nucleares, como Corea del Norte y Rusia?

¿Es la guerra la única manera de evitar que tenga estas armas? Si es así, vamos a estar en una situación de guerra permanente. No me sorprendería que Rusia entregue armas nucleares a Irán. Ya les están ayudando con drones y con inteligencia satelital para atacar sus blancos. Muchos dicen que el verdadero ganador de esta guerra es Rusia, ya que, al subir el precio del petróleo, se han relajado las sanciones por comprar su petróleo; así tiene más recursos para su guerra contra Ucrania.

La administración de George Bush justificó su guerra contra Irak con el argumento de que tenía armas de destrucción masiva, lo que resultó ser falso. Las inspecciones de las Naciones Unidas habrían logrado su objetivo. Había inspecciones en Irán hasta que Trump decidió bombardearlo en junio del año pasado. En aquel entonces dijo que había destruido por completo su programa nuclear. Si fue el caso, ¿por qué tiene que hacer otra guerra ahora?

En los EE. UU., la popularidad de Trump había caído fuertemente por la crueldad manifestada por los agentes federales que deportaban migrantes indocumentados e incluso mataron a ciudadanos que protestaban estas acciones en Minneapolis. Su guerra en Irán hace olvidar todo esto.

Sin embargo, sus mentiras y constantes contradicciones para justificar esta violencia, combinadas con el costo por el alza del precio de los combustibles y la ola de inflación que provoca, no le convienen. Ha quedado claro que no tiene nada de “provida”. Le gusta tener el poder de matar. Está intoxicado de sangre. Por esto presenta la guerra como si fuese un videojuego.

Después de marginar a los EE. UU. en la comunidad internacional, ahora no entiende por qué otros países no quieren apoyar esa guerra o defender a los barcos con petróleo en el estrecho de Ormuz.

Si ahora envía tropas y empiezan a volver en ataúdes, su popularidad va a caer aún más.

El Catecismo de la Iglesia Católica abarca el tema de la guerra en la sección sobre los Diez Mandamientos, naturalmente como parte del quinto: “No matarás”, números 2302-2317. El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia dedica un capítulo a “El fracaso de la paz: la guerra”, números 497-515. En pocas palabras: nunca se justifica como agresión, como la invasión a Ucrania por Rusia. Como medida de defensa, siempre debe: 1) enfrentar una injusticia gravísima, como la que provocaba el nazismo de Hitler; 2) agotar toda otra posibilidad de resolver el conflicto pacíficamente; 3) estar bastante seguro del éxito; y 4) evitar víctimas inocentes.

El ataque de Israel y los EE. UU. a Irán no cumple con ninguno de estos criterios. Corresponde simplemente al estilo de Trump, a quien le gusta ganar mediante bullying; es decir, por la fuerza. Lamentablemente, parte de su modus operandi es jamás reconocer un error. En cambio, Yoda, de Star Wars, compartió una gran joya de sabiduría en Los últimos Jedi, cuando dijo: “El mayor maestro, el fracaso, es”. Después de la II Guerra Mundial, Europa, aprendiendo del fracaso de la guerra, creó la Unión Europea. Los EE. UU., aprendiendo del fracaso de la I Guerra Mundial, en vez de castigar a Alemania y Japón, los reconstruyeron y los convirtieron en grandes aliados. Trump, en cambio, está destruyendo las alianzas y desperdiciando toda sabiduría. Nunca aprende de sus muchos y graves errores. Anda con una gorra que dice: “Trump siempre tiene la razón”.

Según el papa san Juan Pablo II: “La guerra puede terminar, sin vencedores ni vencidos, en un suicidio de la humanidad; por lo cual hay que repudiar la lógica que conduce a ella, la idea de que la lucha por la destrucción del adversario, la contradicción y la guerra misma sean factores de progreso y de avance de la historia” (Carta encíclica Centesimus annus, 1991).

El Apocalipsis, en la parte de los Siete Sellos, indica que los engañados por la lógica de la guerra (el caballo blanco) destruyen con la espada (el rojo), el hambre (el negro), la peste (el verde amarillento) y las bestias, la cuarta parte de la tierra (6,1-8). Cada uno es la secuela del anterior. El anticristo es precisamente esa lógica satánica que se presenta como si fuera el Mesías —por eso es un caballo blanco—, pero tiene las armas de guerra —arco y corona— en vez de la espada de doble filo que sale de su boca, es decir, la Palabra de Dios (ver Ap 19,11-16), que pronuncia el verdadero Cristo, diciéndonos: «Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9).

Dios te bendiga.

Mons. Roberto Flock | Columnista
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