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Bolivia no necesita otro recurso milagro, necesita dirección

Bolivia no necesita otro recurso milagro, necesita dirección
Oscar Antezana Malpartida | Columnista
| 2026-03-31 07:46:42

En el artículo anterior planteamos que Bolivia enfrenta un problema estructural: la ausencia de una estrategia económica clara. Esta carencia no es nueva. Se manifiesta en un patrón que el país ha repetido durante décadas. Cada cierto tiempo, surge un recurso que promete transformar la economía. Primero fue la plata, luego el estaño, más tarde el gas natural. Hoy, el litio ocupa ese lugar en el imaginario nacional. En cada ciclo, la expectativa es similar: que ese recurso permita superar las limitaciones estructurales del país.

Sin embargo, la evidencia histórica muestra que estas expectativas rara vez se traducen en desarrollo sostenido. Los países no se desarrollan por lo que tienen en el subsuelo, sino por lo que construyen sobre él; es decir, por su capacidad de generar valor, diversificar su economía y desarrollar sectores productivos. Bolivia no carece de recursos. Posee abundante riqueza natural, biodiversidad excepcional y una geografía privilegiada en muchos casos. El problema no es la falta de oportunidades, sino la falta de una estrategia que permita convertir esas oportunidades en desarrollo.

Mientras el debate económico se concentra en el litio, existen sectores donde Bolivia ya tiene ventajas claras. El turismo es uno de ellos. El país cuenta con algunos de los paisajes más espectaculares del mundo, pero sigue recibiendo menos visitantes que países vecinos. Esto no responde a una falta de atractivo, sino a la ausencia de una estrategia que articule promoción, infraestructura y servicios. La agroindustria es otro ejemplo. Más allá de los grandes polos productivos, miles de pequeños productores cultivan café, cacao, quinua y frutas tropicales con alto potencial en mercados internacionales. Sin embargo, estos productos rara vez logran posicionarse plenamente en segmentos premium.

Esto revela un problema más profundo. En lugar de definir qué sectores desarrollar y cómo hacerlo, el debate económico tiende a centrarse en oportunidades específicas o coyunturas. Se reacciona a lo que aparece, en lugar de construir sobre lo que ya existe. El resultado es una economía que depende de ciclos externos y expectativas recurrentes, en lugar de una estrategia productiva sostenida. Además, este enfoque genera una ilusión peligrosa: la idea de que el desarrollo llegará automáticamente si se identifica el recurso adecuado.

Esta falta de estrategia se traduce en un desarrollo fragmentado, lo que constituye un desafío estructural. Además de esperar que un recurso milagro logre que Bolivia progrese, últimamente el desarrollo se ha convertido en una lista de proyectos.

En los últimos años, Bolivia ha impulsado diversos proyectos de infraestructura, ha accedido a financiamiento internacional y ha identificado nuevas iniciativas de inversión. Estos esfuerzos son importantes y, en muchos casos, necesarios. Sin embargo, cuando se observa el conjunto, surge una pregunta inevitable: ¿está todo esto transformando la economía?

En los artículos anteriores señalamos que Bolivia carece de una estrategia económica clara. Una de las consecuencias más visibles de esta carencia es que el desarrollo termina reducido a una lista de proyectos: carreteras, plantas energéticas, sistemas de agua, infraestructura urbana. Cada proyecto tiene su lógica, su financiamiento y su justificación técnica. Pero la suma de proyectos no constituye una estrategia. En la práctica, la agenda económica puede terminar definida por los proyectos disponibles —muchos de ellos financiados por organismos internacionales— en lugar de por una visión productiva coherente. Esto genera una paradoja: se invierte, se construye, pero la estructura económica cambia poco.

La infraestructura es fundamental. Sin ella, no hay desarrollo. Pero por sí sola no crea nuevas industrias ni genera ventajas competitivas sostenibles.

El turismo ilustra este punto. Mejorar carreteras o aeropuertos facilita el acceso, pero no garantiza un aumento significativo en el número de visitantes. Se necesita promoción internacional, calidad de servicios y coordinación entre actores. La agroindustria presenta un patrón similar. La infraestructura facilita el transporte, pero no asegura el acceso a mercados internacionales. Para ello se requieren certificaciones, financiamiento, logística exportadora y asistencia técnica. Cuando estos elementos faltan, la infraestructura existe, pero el desarrollo no despega. El problema no es la falta de inversión, sino la falta de articulación.

En ausencia de una estrategia, los proyectos se convierten en fines en sí mismos, en lugar de ser medios para transformar la economía.

En el siguiente artículo abordaremos qué tipo de economía podría construir Bolivia si decidiera apostar estratégicamente por sus verdaderas ventajas.

Oscar Antezana Malpartida | Columnista
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