
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, rompió la cautela mantenida frente a Donald Trump y lo calificó de “desquiciado mental”, marcando un cambio abrupto en la relación retórica entre ambos gobiernos.
La declaración se produjo durante su reaparición pública tras 55 días de ausencia, en un acto oficial en Managua, donde el mandatario mostró un tono confrontacional inédito desde el retorno de Trump a la Casa Blanca.
Hasta ahora, el régimen había evitado referirse directamente al presidente estadounidense, optando por una estrategia de silencio mientras sostenía contactos discretos con Washington.
Ese enfoque permitió algunas concesiones, como la liberación de presos políticos y ajustes en la política migratoria en el Aeropuerto Augusto C. Sandino.
Sin embargo, la tensión aumentó luego de que el Departamento de Estado, liderado por Marco Rubio, impusiera sanciones a dos hijos del mandatario y a funcionarios clave del régimen.
Entre los sancionados figura el viceministro de Gobernación, Luis Cañas, señalado por su rol en el control migratorio y restricciones a ciudadanos nicaragüenses.
Ortega respondió con ataques directos, cuestionando la legitimidad de Estados Unidos para sancionar a su gobierno y afirmando que Washington “ya no halla a quién sancionar”.
El mandatario también criticó la política exterior estadounidense y la postura de Trump frente a Irán, aliado histórico del sandinismo.
Analistas como el opositor Eliseo Núñez consideran que Ortega calcula que Washington centrará su atención en Medio Oriente, reduciendo la presión sobre Nicaragua.
No obstante, el endurecimiento del discurso contrasta con la estrategia de otros gobiernos aliados como Cuba, que han optado por un trato más pragmático con la administración estadounidense.
A nivel interno, encuestas señalan que más del 70% de los nicaragüenses cree que la presión de Estados Unidos podría impulsar una transición democrática.
El pronunciamiento de Ortega coincidió con el aniversario de las protestas de 2018, reprimidas con más de 350 muertos según organismos como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, lo que refuerza el contexto de polarización y crisis política en el país.