Bolivia siempre ha mirado recetas económicas como quien hojea menús lejanos: Japón, Alemania, Estados Unidos. Modelos sofisticados, sí, pero ajenos. Mientras tanto, en el vecindario, Paraguay cocina algo más simple… y más efectivo. Según el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, Paraguay crecerá por encima del 4% en 2026. No hay magia: disciplina fiscal, inflación controlada, reglas claras. Nada revolucionario, salvo que funcione. El país ha reducido la pobreza de más del 50% al 16%, apoyado en empleo formal, inversión y energía barata de Itaipú y Yacyretá. Mientras otros debaten teorías, Paraguay suma resultados. La ironía es evidente: buscamos respuestas en continentes lejanos cuando quizá estaban cruzando la frontera. Claro, no todo es perfecto —hay desafíos fiscales e institucionales—, pero el rumbo es claro. Tal vez no se trata de copiar, sino de dejar de complicarnos. Porque, a veces, la receta no viene en inglés ni en japonés… sino en guaraní.