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El enigma de la gasolina y su huella económica

El enigma de la gasolina y su huella económica
Mario Malpartida - Periodista | Periodista
| 2026-04-24 08:03:10

Para importar un producto —como en cualquier negocio— se establecen condiciones: precio, plazo y lugar de entrega, términos de pago y, necesariamente, especificaciones de calidad. La calidad de la gasolina es, precisamente, el aspecto que interesa, sobre todo considerando que, desde hace más de tres meses, se han suscitado escándalos y perjuicios económicos comprobados por daños mecánicos en miles de vehículos del parque automotor boliviano.

Los contratantes incluyen la “ficha técnica”*, donde se mencionan los valores máximos de impurezas —agua, cenizas, residuos gomosos, manganeso y otros contaminantes sólidos—, así como los valores mínimos aceptables de calidad —siendo el octanaje el principal—. Acordados estos factores, el importador-comprador manifiesta su conformidad o rechazo en el momento de la entrega. Para controlar la calidad de los combustibles importados, lo recomendable es contratar una empresa de reconocida experiencia internacional y, de modo inexcusable, respetar la normativa desde la importación hasta la distribución y venta final en estaciones de servicio. Primero, cuando el buque tanquero llega al punto de entrega —por ejemplo, la terminal del puerto de Arica—, ¿quién es responsable de aprobar o rechazar el combustible antes de la descarga?

Segundo, trasvasado el líquido al tanque en Arica —cuyo mantenimiento y limpieza están a cargo del propietario—, el siguiente punto de control es cuando se carga el diésel o la gasolina a la cisterna que transportará el producto hasta otro destino: las refinerías de Senkata, Gualberto Villarroel o Palmasola. ¿Quién verifica que la cisterna esté en condiciones adecuadas para recibir la carga? Y, al mismo tiempo, ¿quién asume la responsabilidad de preservar la calidad durante el transporte?

Tercero, cuando el camión cisterna llega a destino, por ejemplo a Senkata, ¿quién certifica que el combustible no contiene contaminantes que puedan afectar su estabilidad y decide aceptar o rechazar el contenido?

Cuarto, los administradores son responsables de que los tanques en Senkata, Gualberto Villarroel y Palmasola estén libres de contaminantes. ¿Quién certifica que esa exigencia se cumple?

Hasta ese momento, son cuatro las operaciones en las que debe controlarse forzosamente la calidad y aplicarse la trazabilidad en toda la cadena. Y aquí surge otra pregunta: ¿en qué etapa descuidada apareció la perversa impureza que los damnificados, en su impotencia y rabia, llaman “gasolina basura”? Mientras tanto, desde el sector de hidrocarburos, con una candorosa gentileza, se acepta que se trata de un lote de gasolina “desestabilizada”.

A medida que la gasolina se vendía en las estaciones de servicio, cambiaban sus colores, olores y densidades. Se dijo que esto ocurrió al añadirse alcohol en una mezcla inadecuada; se dijo de todo para explicar el inusitado desastre. Entre los argumentos se invoca el sabotaje: ¿en qué lugar, en qué momento y quién lo realizó? Imágenes ocasionales mostraron a un transportista de alcohol ofreciendo hasta trescientos litros a catorce bolivianos. En otro caso, se informó que una cisterna llegó con quince mil litros de agua. La información oficial del sector de hidrocarburos es, en cualquier caso, inconsistente.

Referencia: Ficha técnica DCMI-Bolivia.

Mario Malpartida - Periodista | Periodista
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